lunes, 6 de abril de 2020

Sensorama - Space Oddity


Q - David Quantick, Octubre de 1999


Q - David Quantick, Octubre de 1999

En lo que respecta a este mismo momento, Bowie está instalado en una sala de conferencias de su compañía discográfica en Nueva York y está de muy buen humor. A los cincuenta y dos años y medio, el antiguo David Robert Jones goza de una extraordinaria salud. Tiene el pelo rubio ceniza, largo, como el de una chica, y está vestido con un par de pantalones de apariencia elegante y costosa, y una camisa. Solo su mirada torcida insinúa que podría venir de Marte. De hecho, él vive en Bermudas, con su adorable esposa Iman, y disfruta de una relación cercana con su hijo, Duncan Haywood Zowie Jones (quien prefiere, por alguna razón, llamarse Joe)

En el curso de la próxima hora, Bowie hará todo lo que sigue: imitar a John Peel, criticar a una ciudad británica de importancia, adoptar la posición fetal, tratar de ser amable con Ricky Martin y comparar de forma negativa a Bing Crosby con una naranja. Conocido por estar de acuerdo con todo lo que diga el entrevistador, en la siguiente hora dirá “sí” doce veces y “no” solo una. 

Muchas canciones de este álbum parecen hablar sobre decisiones equivocadas y oportunidades perdidas. ¿Hasta qué punto es personal este disco?

En este álbum trato de capturar la idea de canciones para mi generación. Así que lo único que tuve que hacer fue hundirme en un estado psicológico poco feliz con la vida, cosa que en mi caso no es cierto. Tenía que crear las situaciones. Hay mucho sobre un chico enamorándose, desenamorándose y desilusionándose… En realidad, yo no he pasado por todo eso, pero fue un buen ejercicio tratar de capturar lo que veo, incluso en mis amigos, el tipo de vida media que tienen, y es de veras triste no poder hacer nada al respecto. Se sienten insatisfechos y desilusionados. 

¿Tiene algo que ver con la canción que le llama “Seven”?

Siete días para vivir, siete maneras de morir… De hecho, lo reduciría a veinticuatro horas que vivir. Estoy muy contento de tener que vérmelas con las veinticuatro horas que atravieso. No me inclino a pensar demasiado sobre el fin de semana o la semana que acaba de pasar. El presente es en realidad el lugar en el que hay que estar. 

¿Por esa razón sigues inventando géneros y moviéndote? La mayoría de la gente podría haber basado toda su carrera en uno solo de tus álbumes. 

¡Yo también! ¡Ja, ja, ja! ¡¿Por qué no me quedé con el sonido de ‘Young Americans?! Aun podría seguir haciendo eso. Oh, no sería ni la mitad de desdichado. Sería tan desdichado si me hubiera metido en un… aprieto, como solía decir mi madre. Mi querida mami: “¿Te metiste un poco en un aprieto, verdad?”. Lo decía sobre sí misma. “Estoy en un aprieto”. Creo que entonces pensaba que nunca estaría en un aprieto si fuese de esa manera. 

En “Seven” también mencionas a tus dos padres y a tu hermano Terry Jones, que paso buena parte de su vida en un psiquiátrico…

No necesariamente mi madre, mi padre y mi hermano. Es la cuestión de la unidad nuclear. Obviamente, soy totalmente consciente de cómo la gente lee entre líneas materiales como estos. Estoy seguro de que una vaca loca vendría y diría (adopta la voz que tendría una vaca loca): “Oh, esa es sobre Terry, su hermano, y él estaba muy decepcionado con esa chica, allá por 1969, o cuando sea que superó aquella relación…”. Este tipo de cosas vienen con el “paquete”, y como yo he sido un compositor elíptico, me parece que la gente se acostumbró -con bastante- razón- a interpretar mis letras a su manera. Soy solamente la persona que el mayor número de personas cree que soy. De modo que muy poco de ello tiene algo que ver conmigo; simplemente, lo hago lo  mejor que puedo con lo que tengo. A sabiendas de eso (las letras), cobran una segunda vida en el momento en que me abandonan. 


¿Qué te obligaba a decir: “Id y escuchad a Velvet Underground”?

Es el maestro que anida en mí. Me encanta introducir a la gente en cosas nuevas. Una de las cosas más importantes de ser padre es que tienes a alguien ahí al que puedes inyectarlo tus pasiones. Pobre niño. Tiendes a decirle: “Oh, quería mostrarte algo más” o “Esto te encantará…”. O sea, todos vieron ‘Viaje a las estrellas’…  “Ah, pero deberías ver lo que los rusos hicieron con Solaris” (una película de ciencia ficción terriblemente aburrida de 1972 dirigida por Tarkovski). Es genial tener a gente que reciba toda esta nueva información y luego ver cómo se ponen a hacer algo. (pone una profunda voz norteamericana de los años cincuenta) : ¡Mi trabajo está terminado! Es algo que hacen los padres, en serio. No soy un mal padre, en absoluto. Creo que soy un padre bastante divertido. No soy uno de esos padres amigos. Ya sabes, esos padres que dicen: “Oh, mi hijo y yo somos como amigos”. Mi hijo es genial. 

Si debemos creer a las fotos de tu sitio web, él es muy parecido a ti. 

Es mucho más corpulento. Es jugador de rugby. Un tipo deportivo, levanta pesas y todo eso. 

Aun cuando circularon muchas imágenes de Bowie, nunca se vio a un Bowie gordo.

No lo sé. No sé qué pasaría con todos esos músculos si dejara de entrenar… Mi tío Jim solía decir eso. Levantó pesas hasta el día de su muerte. Decía: “Tengo que hacerlo. Si par, me voy a poner gordo”. El tío Jim aprendió cada palabra del diccionario de Oxford, ese fue el trabajo de su vida. Era un tipo extraordinario. Trabajaba en las fábricas de acero de Sheffield. Le encantaba investigar y la academia, tenía una biblioteca fantástica, pero nunca tuvo una oportunidad. La familia de mi madre era muy pobre. Es una pena que no hayan tenido la posibilidad de emplear esa mente. Yo notaba esa frustración en él. Siempre pensé que podría haber escrito algo, sabes. 

En tu página de internet -siendo como eres Bowie- recomiendas muchos libros, pero, sorprendentemente, a pesar de ser Bowie, los libros que recomiendas están lejos de ser oscuros.

Sí. Leo una cantidad de libros realmente ecléctica. Leí todo lo que Stephen King escribió. Me encanta Stephen King. Me asusta muchísimo. Pero también me gusta mucho Julian Barnes, que es otro mundo. 

El primer libro que leí en serio fue ‘En el camino’, de Jack Kerouac, ya que me entró el ansia por salir de Bromley, Penge, Sidcup y todo eso. Croydon… solo quería conducir por todos los estados e ir a California y Big Sur, hasta San Francisco… y pensar: “Dios, quiero hacer eso, no quiero ir hasta la estación sur de Bromley, tomar el puto tren hasta Victoria Station y trabajar en una maldita oficina de publicidad”. 

Si hubieras hecho eso, ¿dónde crees que estarías ahora?

¡Ja, ja, ja! ¿A qué te refieres? ¿Una vida alternativa a la que he llevado? Pienso probablemente en dos. Una habría sido ser pintor a tiempo completo, algo que me hubiera gustado mucho. Y otra habría sido… No estoy seguro de que bibliotecario sea la palabra correcta. Pero algo en lo que estuviera cerca de los libros y la investigación. Me gusta mucho leer detenidamente. Me gustan los objetos. Con todo lo que me gusta internet, nunca podría renunciar a mi biblioteca. Una mujer y una biblioteca: esas son las dos cosas a las que probablemente nunca renunciaría. 

Nic Roeg dijo recientemente que eras “muy estudioso” y que llevabas muchos libros al rodaje de El hombre que vino de ls estrellas. 

(Avergonzado.) ¡Oh, Dios! Pero sí, tenía demasiados libros. Me llevé cuatrocientos libros a ese rodaje. Me asustaba mortalmente abandonarlos en Nueva York, porque estaba lidiando con gente muy pesada y no quería que me robaran ninguno de mis libros. Demasiados ‘dealers’ que entraban y salían de casa…

¿Cómo te veías en aquel momento?

¿Has visto alguna vez el vídeo en el que canto con Cher? El pelo engominado… estaba obsesionado con la ropa teatral y solo me vestía en Sears & Roebuck. Que en mí parecía más estrafalario que cualquier cosa que hayan hecho los diseñadores japoneses. Me vestía como un provinciano terco del centro de Estados Unidos. Camperas chillonas y pantalones de cuadros. Me veía muy mal. Y muy enfermo. Me veía enfermo y muy mal vestido. 

Recuerdo estar en casa de un dealer una noche en que vino Sly Stone. Yo me veía como un norteamericano ultramedio, pero con pelo rubio y rojo aplastado a mi cuero cabelludo, con mucha laca, como se dice ahora, aunque antes se llamaba gomina. Y él entra, me observa y dice (voz irónica de Sly Stone): Ehh, apuesto a que este no toma muchas drogas”. A mí me dio rabia porque ¡sí tomaba muchas drogas! “Cómo te atreves! ¡Soy David Bowie! ¡Tomo más drogas de las que tú hayas visto en tu puta vida!” Fue tan gracioso, muy hilarante. Nos encontramos otra vez mucho después y nos reímos de aquello. Me pareció tan ofensivo. Pensé: “¡Está juzgándome por la ropa que llevo!”. Si eso no es gracioso, qué lo es. Lo único que él pensaba era:”Pero ¿quién es este estrecho?” Y a mí me dio tanta rabia… Yo quería ir y decirle: “¡Déjame mostrarte cuántas drogas tomo!”. 

¿Cuántas drogas tomaste en tu vida?

Oh, cinco… ¡seis! Tomé de todo, desde tranquilizantes para elefantes hasta lo que se te ocurra. Pero toda esta cuestión de las drogas está tan trillada, que no puedo siquiera empezar a hablar de ellas. 

Mientras se acerca la hora de finalizar, conversamos sobre música. Bowie revela que recientemente le pidieron que produjera a Red Hot Chili Peppers y a Marilyn Manson, pero estaba demasiado ocupado para hacer ambas cosas. Da la impresión de que está más cerca de producir a los primeros que al segundo. Menciona que su banda favorita es Asian Dub Fundation, pero confiesa que estuvo un poco distraído últimamente. Esto, declara, fue deliberado durante el proceso de realización del álbum. 

Me alejé de escuchar cualquier cosa estos últimos ocho meses -dice. Y añade-: Por desgracia no pude alejarme de Ricky Martin, ya que hablamos de prodigios…”

Él habla favorablemente de ti en las entrevistas. 

Bowie emite un ruido extraño.

“Ehhh… ¡Lo sé! Por eso soy cuidadoso en esa cuestión. No sé. No sé demasiado sobre él o sobre su música. Es solo que no dejo de verlo en la tele, y que está todo el rato en la radio y cosas por el estilo. No es irritante como otros. Solo estoy al corriente de su presencia… ¿Estoy quedando bien con esto?”

Echa la cabeza hacia atrás y se ría como solo puede hacerlo un hombre que odia Croydon. 

domingo, 5 de abril de 2020

Retrospectiva, Mr. Showbiz, Linda Laban, Marzo de 1997


Retrospectiva, Mr. Showbiz (Estados Unidos), Linda Laban, Marzo de 1997

Linda Laban: Comencemos por tu nuevo álbum, ¿Quién produjo Earthling?

David Bowie: Yo. Con Mark Plati, quien hace la mezcla y es el ingeniero de sonido. Fue coescrito con Reeves Gabrels, que es mi guitarrista, y de hecho está conmigo desde hace algo así como diez años. ¡Es como si lo hubiera conocido ayer!

Te atribuyes el mérito de tocar varios instrumentos, guitarra, saxo, teclados…

Sí, estuve robando un poco de todas partes en realidad. 

Bueno, algo más que “robar”.

Bueno, ¡Si hubieras estado allí!

El robo te salió bastante bien.

Es un robo muy creativo. ¡Sé cómo robar!

Hay momentos en Earthling que son reminiscencias de viejos álbumes, es decir, una parte de piano que quizá nos transporte a los días de Ziggy Stardust. 

El piano es de Mike Garson. Él trabajó conmigo hasta 1975, desde finales de 1973 con los Sipiders, y toco en el álbum ‘Aladdin Sane’. Es mi colaborador desde hace tiempo, incluso cuando estuvo alejado durante una extensa temporada haciendo sus propios trabajos. Pero volvimos a reunirnos. Este debe de ser el cuarto álbum que hizo conmigo en los noventa. 

¿Cómo llegó la influencia del drum and base al álbum?

¿Quién podría no estar influenciado por él? Es el ritmo más emocionante del momento.

¿Y la cuestión del hip-hop y el jungle?

Sí, me gusta el hip-hop. Creo que siempre escuché nuevas músicas en general, así, músicas, en plural. Siempre fue el material con el que me nutrí. Lo que realmente me gusta de las músicas es el material que empieza por el borde. No puedo recordar con exactitud un momento en el que yo mostrara interés por lo convencional, salvo quizá cuando era muy joven. Cuando estaba llegando al final de la adolescencia, comenzó a gustarme más lo oscuro, o lo que se llama material de vanguardia. Siempre he sintonizado con eso. A su manera, es como una réplica a aquella situación de fines de los setenta, cuando Eno y yo escuchábamos mucho el sonido alemán que salía de Düsseldorf, mientras que, creo, la mayoría de la gente estaba escuchando punk. En cierto modo no queríamos formar parte de lo que estuviera en auge porque era información que ya conocíamos. Para mi sonaba casi como una extensión de lo que Iggy y los Stooges habían hecho a fines de los sesenta. Y a mí siempre me estimularon  las cosas que no podía comprender totalmente, y el nuevo enfoque tecnológico de bandas tan diversas como Can, Kraftwerk, Harmonia y Kluster. Todas esas bandas de Düsseldorf me parecían mucho más intrigantes, porque no sabía con exactitud cómo funcionaban. Creo que por eso Brian y yo nos metimos tanto en lo que ahora se llama deconstruir o, más bien, en el sonido “oxidado” industrial, porque parecía que iba a contracorriente. 

Es bastante estimulante lo que está ocurriendo con el hip-hop fusionado con el rock.

Y es un diálogo que en realidad está ocurriendo en Europa, en absoluto en Estados Unidos. Lo máximo que tienen en Norteamérica -no sé si en Canadá- son cosas como Moby. Que está bien, no me molesta en absoluto Moby, creo que es muy bueno, pero en realidad no está moviéndose de una forma muy interesante. Es bastante estándar, casi disco. 

¿Hay alguna canción en Earthling que haya quedado fuera de Outside?

‘Telling Lies’ era en realidad una canción que comencé a escribir justo antes de que empezáramos la gira, porque quería trabajar más a conciencia con ese medio. Cambiamos los arreglos todo el tiempo y probamos nuevas ideas. En el momento en que la terminamos, nos dimos cuenta de que la forma en que habíamos estructurado la pieza funcionaba bastante bien, y la integramos en lo que estábamos haciendo, que, fundamentalmente, era un híbrido entre un sonido de rock muy agresivo con el duro and base. 

Yo había rozado ese sonido antes, con Brian en ‘Outside’. Hay un par de temas de ese disco, “I’m Derenged” y “We Prick You”, en concreto, que eran una jungla bastante frondosa, como la llamamos entonces. Pero aquel era un álbum más narrativo, y no queríamos ahora que la música tuviera un perfil tan alto. Esta vez me sentí libre de hacer algo que no tuviera ninguna consideración con la narrativa. 

“Telling Lies” fue la primera canción que apareció en internet en septiembre pasado.

Cierto, con tres de las versiones en las que trabajamos. La que está en el álbum fue la que me pareció la mejor. Fue también, claro, la última. 

Pareces muy activo en internet, con el concierto de tu cumpleaños la semana pasada y el estreno de “Telling Lies”

Bueno, ¡voy moviéndome! ¡Soy un pequeño navegante!

En serio, ¿te interesa lo que ofrece?

No es un mal pasatiempo. Podría perder un par de horas con facilidad. Ese es el problema, internet es terriblemente adictiva. Me lo paso bien, pero la verdad es que soy muy cuidadoso justo por esa razón. Además, cuando entro, tengo la sensación de que hay que pasar por un montón de basura antes de encontrar algo verdaderamente interesante. Te pasas la mitad del tiempo navegando por diferentes páginas y esquivando mucha basura. 

Ese es uno de los aspectos de los que no disfruto en particular. Debo admitir que me resulta mucho más fácil meterme en internet cuando estoy de gira. Cuando estás en Cleveland o en Akron, en algún lugar así, y ya fuiste a todos los museos locales y no hay mucho más que hacer, excepto ver quién sale y entra de un McDonald’s. 

En esa situación es una especie de salvación.

Sí, y algo bastante divertido. También llevo conmigo un par de programas de arte en mi ordenador. Hago algunos gráficos. ¡Así sí me divierto con el ordenador! A veces intervengo, un poco anónimamente, lanzo rumores falsos y hago que todos participen. Bueno, ¿por qué no? Me encanta la idea de la desinformación de todos modos. 

¿Cómo te interesaste por internet?

No fue la red lo que me interesó al principio, fue el ordenador. Mi hijo está bastante involucrado en la informática. Habíamos jugado con un par de programas con los que él estaba trabajando y me dijo: “Papá, tú que estás metido en el arte y todo eso, ¿por qué no le echas un vistazo a un par de cosas? Quizá te gusten”. Un programa se llamaba Kidpix, que es un programa de arte para, digamos, niños de seis años. Creo que es maravilloso, todavía lo uso. Hay otros dos, más sofisticados, Painter y Photoshop. 

Esto ocurrió hacia 1993, así que comencé a familiarizarme con esos programas, e hice una serie de litografías basadas en el trabajo que había hecho con el ordenador. Era inevitable que luego alguien me metiera en el módem y entonces empecé. Un día me di cuenta de que, al llegar a casa, me pasaba en la red toda la noche. Fue así durante mucho tiempo y, finalmente, encontré a un grupo anónimo en la red al cual me uní. Intercambiamos problemas. Pero creo que ahora ya estoy fuera de é. 

¿Adónde crees que se dirige internet en relación con su impacto en la música?

¡A Croydon!

¿Tan mal?

¡Croydon con K! ¿Adónde va? A un artista nuevo, que tiene mucho material pero ningún público, y no puede conseguir conciertos, y no hay ninguna compañía discográfica interesada en lo que está haciendo, al menos puede servirle para establecer un nuevo público y hacer que alguien se interese en lo que hace. Poder subir a la red parte de su música y que la gente se la baje gratuitamente le da al menos la oportunidad de hacerse visible. Creo que es bastante bueno para gente como yo, especialmente para aquellos que escriben en demasía, cosa que yo hago. El problema es que yo escribo demasiado. ¡Para hacerme compañía! La compañía discográfica solo quiere que le entregue un álbum al año -y eso es mucho- o uno cada dieciocho meses, y es muy frustrante saber que tienes trabajo acumulado. Leí lo mismo en una entrevista a Prince hace unas semanas. Él tiene exactamente el mismo problema, porque escribe demasiado. Para parte de ese material que las compañías más corporativas no se interesarían en lanzar -porque es demasiado estético o pretencioso, o tiene un “tufillo vanguardista” o lo que sea- subirlo a la red supone poder conseguir un público. Por lo menos queda en algún lugar y no sientes que estés acumulándolo dentro de un cajón, donde nadie podría escucharlo.

Si parte del material es rechazado por tu compañía discográfica, ¿no puedes ir a un sello independiente y lanzarlo aparte?

Sí, pero también con un sello independiente se tarda meses en hacer un álbum y el material gráfico y todo eso… Mientras que en internet puedes sacar cosa prácticamente en cuanto las acabas. 

Hay un tema en ‘Earthling’, “I’m Afraid of Americans”.

Bueno, sí. En realidad no especifico cuáles son mis miedos en esa canción, pero me refiero a que…

¿Es miedo a “lo americano” que a las personas en concreto?

Sí, de hecho, sí. Es sobre lo americano y la canción inevitable sobre Johnny. El pobre y tonto Johnny, sigue apareciendo por todas partes. Es como una figura tradicional a la que criticar. Él solo quiere peinarse y comprarse un coche. 

Parece que estuvieras hablando sobre la homogeneización de las culturas y la forma en que todo se está volviendo tan soso y unificado, 

Sí, eso siempre me dio un miedo mortal. Estamos viviendo una época de caos y fragmentación, y deberíamos acogerla positivamente y no estar asustados; no verlo como la destrucción de la sociedad, sino como el material con el cual reconstruiremos la sociedad. Es molesto ver a la gente caminar entre las ruinas y tratar de extraer absolutos una vez más. Es de veras perturbador. Nos estamos volviendo muy intolerantes y no es lo que queremos. No es lo que queremos, ¿verdad?

De acuerdo, digamos un par de cosas sobre qué se siente al tener cincuenta años. Aquí estás, David Bowie con cincuenta años.

Es fabuloso. Pero, sabes, no me siento una persona de cincuenta. No siento que tenga un día más de cuarenta y nueve. Es increíble. Estoy vital, me siento muy vital. 

¿Eres tan productivo y estás tan contento de hacer música como siempre?

Sí, no creo que haya mucho en mi vida que quiera cambiar. No creo que haya nada, en realidad. Más o menos en los últimos diez años llegué a una posición desde la que podría decir honestamente que disfruto de mí mismo más ahora que hace veinticinco años. Definitivamente puedo decir eso. 

Aún sigues actuando.

Sí, pero no lo tomo muy en serio. Lo paso bien cuando hago apariciones breves. Son divertidas, porque no suponen tiempos largos de rodaje. No piensas que estarás perdiendo el tiempo ocho semanas, metido en un parking de tráileres en algún lugar. No tengo la ambición de ser actor. 

¿Qué hay del papel de Warhol en Basquiat?

Eso fue genial. Fue un rodaje de diez días en Nueva York, así que cuando no me necesitaban podía largarme y tocar. Fue fácil y había buena gente allí. Hace años que conozco a Chris Walken. Todo empezó y se cerró en menos de una semana. Todos pensamos que sería así, pero también que sería una película muy, muy buena. 

El personaje de Andy Warhol me subyugó, es muy divertido.

Oh, qué bien, me alegra. Estoy tan harto de la gente que hace retratos de él, como un hombre frío, calculador. Pues no era así. Yo creo que más bien era una reina insegura que no creía en lo grande que era y no sabía muy bien por qué. A mí me parecía muy extraño, era muy extraño. Extraño sin darse cuenta de ello la mitad de las veces. Era un ser humano, en absoluto era una máquina. Siempre hizo creer que era una figura amenazante y no es así. Se trataba simplemente de un tipo que vivía la vida de cualquiera y que peleaba contra ella la mayoría del tiempo. 

¿Qué harás después de la gira? ¿Habrá otro álbum?

No sé si puedo hablar de algún acto específico. La primera cuestión es que no veo que haya un momento en el que no esté haciendo música. Nunca lo he hecho tan constantemente como ahora. De veras, disfruto del proceso más que nunca antes en mi vida. No podría explicarte lo conforme que me siento ahora. La otra cuestión tiene que ver con las artes visuales que, en los últimos cinco años, se volvieron mucho más importantes en mi vida, y aún estoy trabajando bastante en ese terreno, realizando cantidad de exposiciones y colaborando con otras personas. Ambas tareas seguirán yendo muy bien de la mano.  

jueves, 2 de abril de 2020

Cincuenta cambios de Bowie Q , David Cavanagh, Febrero de 1997


Cincuenta cambios de Bowie 
Q , David Cavanagh, Febrero de 1997
(Extractos)

Bowie trae una diapositiva que piensa usar en el material gráfico de su nuevo álbum. Fue tomada en 1974 en la UCLA con una cámara Kirlian, que sirve para fotografiar campos energéticos. La mitad izquierda de la diapositiva muestra la circunferencia del índice de Bowie inmediatamente antes de tomar cocaína. 


La otra mitad de la foto fue tomada treinta minutos después (de hecho, ayuda que haya escrito detrás: “Justo antes de tomar coca” y “Treinta minutos después”). En la foto de “antes”, el dedo de Bowie es un círculo es un círculo limpio con un borde exterior de oscuridad. En la foto de “después”, sin embargo, su dedo tiene un halo rabioso, rendido, grueso como una arandela. Esa no era, claramente, la típica raya de cocaína. 

“No, en 1974 no era así, no -admite Bowie-. Esa cámara era muy peligrosa además. Con frecuencia explotaba. Nic Roeg quería usar algunos ejemplos en El hombre que vino de las estrellas, pero no había filmado lo bastante bien.”

Dicho esto, Bowie se sacude el polvo de mediados de los setenta, se pone de pie de un salto y lleva a Q al estudio contiguo para escuchar algunas mezclas en crudo de los nuevos temas. Mientras suenan las canciones, está constantemente cambiando de lugar, explicando cómo se generaron ciertos efectos (“no hay sampleos”) o dónde desembocará un solo. Señala los altavoces cada vez que va a sonar una parte que es buena. “Seven Years in Tibet” es su favorita en el presente: tiene tambores que suenan como martillazos, un impactante sonido de saxofón y la ha añadido a la lista de canciones de los conciertos. 

Fue mientras disfrutaba el carrusel de festivales del verano pasado cuando Bowie decidió mantenerse en marcha con la misma energía. En cuanto la gira terminó, él y la banda entraron inmediatamente en el estudio. Esta semana están de nuevo en el camino, haciendo una gira de cuatro fechas en clubs pequeños donde las entradas se agotan al instante. Mientras tanto, Bowie volvió a grabar un álbum por año y está orgulloso de ello. 

“Es curioso, sabes, cuando era un muchacho hacíamos dos álbumes por año -recuerda-. ¡Dos álbumes por año! Y me encantaba.”


Sé lo que sucede cuando toco los clásicos. Conozco el resultado. Entonces, ¿para qué querría hacerlo nuevamente? A no ser que sea por una remuneración económica, algo que francamente no necesito. Pocos de nosotros estamos llegando ahora a los cincuenta y a los sesenta, y no quiero desechar la posibilidad de vivir plenamente la edad que ahora tengo. ¿Entiendes? Una vez que has ido lejos, ya no hay vuelta atrás. Y yo he llegado lejos. Estoy aquí. Estoy en mi terreno. Estoy haciéndolo. 

De aquí a diez años, cuando esté tocando en salas totalmente vacías, mis contemporáneos podrán darse la vuelta y decir: “Bueno, por esa razón no hicimos lo que hiciste tú”. Pero ya veremos. Por lo menos tendré la oportunidad  de ver cómo de lejos puede llegarse en esta vida. 


¿De qué tratan las canciones?

Creo que el terreno común de todas ellas es esta duradera necesidad que hay en mí de vacilar entre el ateísmo y una especie de gnosticismo. Yo sigo yendo hacia un lado y hacia el otro, porque ambas cosas significan mucho para mi vida. Es decir, la Iglesia no entró en mi escritura o en mis pensamientos. Lo que necesito es encontrar un equilibrio espiritual en mi forma de vivir y en la forma en que voy a desaparecer. Y ese periodo de tiempo -desde hoy hasta mi muerte- es lo único que me fascina. 

¿Ya estás pensando en la muerte?

No creo que haya habido un momento en el que no lo hiciese. La muerte estaba ennoblecida con una actitud romántica y desenfadada cuando era mucho más joven, pero ya estaba allí. Ahora remide la racionalidad. Sé que esta vida es finita y tengo que aceptarlo. 

¿Qué te impide creer que haya una vida después de esta?

No he dicho que no lo crea. Creo en una continuación, una suerte de ensueño sin sueños. Oh, no lo sé. Volveré para contártelo. 

Los años en los que tomaste muchas drogas, ¿te han causado un daño duradero?

He sido un cabrón con mucha suerte. Estoy extremadamente sano. Y no, no me ha dejado ni una sola secuela en el cerebro. Recuerdo leer sobre los efectos de grandes cantidades de anfetaminas y cocaína, y los agujeros que te dejan en el cerebro. Especifican las cantidades que hay que tomar para que se produzcan daños considerables, cantidades que yo excedí de lejos. Pensaba: “Oh, Dios, ¿qué diablos está ocurriendo ahí arriba?”. 

¿En la mediana edad, se llega a la comprensión de que no eres la persona más importante del planeta?

No, de hecho, fui la antítesis de eso. Pensé que no existía. De veras, me sentía completamente anacrónico. Pensaba que la obra era lo único de valor. Ahora estoy empezando a gustarme bastante. Sabes, en realidad deberíamos continuar esta conversación con… otras personas que hablen sobre esta cuestión. 

¿Sabías, de pequeño, que compartes cumpleaños con Elvis Presley?

Me fascinaba completamente. No podía creerlo. Él era mi mayor héroe. Y yo probablemente era lo bastante estúpido para creer que cumplir años el mismo día que él tenía en realidad algún significado. 

Le viste actuar en Nueva York, en 1971.

Es cierto. Fui un fin de semana largo. Recuerdo ir directamente desde el aeropuerto y entrar muy tarde en el Madison Square Garden. Llevaba puesta la ropa del periodo de Ziggy y tenía unos muy buenos asientos, en las primeras filas. Todo el lugar simplemente empezó a fijarse en mí y me sentía como un perfecto idiota. Tenía el pelo rojo brillante, un traje espacial enorme y acolchado, y aquellas botas rojas con grandes suelas negras. Ojalá me hubiera vestido menos llamativamente, porque él debió verme. Aunque estaba muy metido en su actuación. 

¿Cuáles de tus viejos álbumes escuchas aún?

No Ziggy (ríe). En realidad, comencé a escuchar ‘Low’ nuevamente cuando me enteré de que Trent Reznor era un gran fan de este. Volví para averiguar por qué y comencé a escuchar el sonido descompuesto de la batería y las marcas obvias de su manera de escribir. Fue bastante instructivo. Y vaya…, ¡qué buen álbum fue ese! También pienso que ‘Station to Station’ es genial. Lo escuché unas cuantas veces. 

En concreto, ¿es cierta la historia de que no recuerdas la grabación de ‘Station to Station’?

Es muy cierta. Diría que buena parte del tiempo que pasé en Estados Unidos en los setenta es en realidad muy difícil de recordar, de una forma que no he visto que le haya ocurrido a muchos otros artistas. Yo volaba cuando estaba ahí de una manera muy mala. Así que escucho ‘Station to Station’ como una obra hecha por una persona enteramente diferente. En primer lugar, está el contenido, respecto del que nadie se ha expresado con claridad. El tema mismo ‘Station to Station’ tiene mucho que ver con las estaciones de la cruz. Todas las referencias dentro de esa pieza tienen que ver con la Cábala. Es el álbum más cercano al tratado de ‘magick’ que yo haya escrito. No he leído ni una sola reseña que realmente haya reparado en esto. Es un álbum extremadamente oscuro. Y fue un tiempo tristísimo para mí, debo añadir. 

¿Qué habría pasado si uno de tus singles de mediados de los sesenta, a los que no les fue bien, como “Rubber Band” y “You’ve Got a Habit of Leaving”, se hubieran convertido en un enorme éxito?

¡Ja! Probablemente estaría en ‘Los miserables’ ahora. Habría hecho musicales.  Casi podría garantizarlo. ¡Oh!, estoy seguro de que habría sido una hormiguita trabajadora de la escena del West End. Habría escrito diez ‘Laughing Gnomes’, no solo uno.

Gabrels era un virtuoso de la guitarra nacido en Boston cuyo amor por la música de Bowie se disipó (como el de mucha gente) a causa de la escasa calidad de Tonight y Never Let Me Down. Bowie también se aburre muchísimo con esos álbumes. 

Llegué a ser quien nunca había querido. Un artista con aceptación popular. Había comenzado a atraer al público que compraba los álbumes de Phil Collins. Me gusta él como persona, créeme, pero no está en mi estantería de discos para poner las veinticuatro horas del día.  De pronto, no sabía cuál era mi público y, aun peor, no me preocupaba por él.

Lleno de dudas y de aversión por la creciente insipidez de su música, Bowie apenas se molestó en aparecer en las sesiones de grabación de ‘Never Let Me Down’.

Estaba dejando que los chicos lo arreglasen todo, y yo iba y metía las voces, y luego me largaba llevándome a alguna chica. 

En privado, solo veía una vía de escape: retirarse. Esa era su intención.

Más que nada, pensé que debía hacer tanto dinero como fuera posible y retirarme. No pensaba en que hubiera otra alternativa. Creía que era una vasija vacía y que obviamente acabaría como todos los demás, haciendo estos malditos estúpidos conciertos, cantando “Rebel Rebel” hasta que tropezara y sangrara. 

El Bowiebus se encuentra a dos horas de Nueva York. Garson pronto se queda dormido, mientras que el resto del grupo, Bowie inclusive, ven en vídeo All You Need Is Cash, el documental televisivo sobre los asuntos financieros de los Beatles. Es bastante crítico con John Lennon, el viejo amigo de Bowie. Mencionar a Lennon es algo que no lo impresiona. Sigue chasqueando la lengua y moviendo la cabeza. Y cuando el biógrafo Philip Norman hace un comentario superficial sobre la relación de Lennon con Yoko Ono, Bowie se da la vuelta indignado. “¡Cierra el pico! ¿Quién mierda eres tú?”.

Bowie es un hombre feliz. Tiene a su banda reunida, todos en la misma parte del bus, y los adora. No hay un solo grupo a lo largo del mundo al que le tema. Aun cuando puede hablar respetuosamente -y lo hace-  sobre su clásica sección rítmica de los setenta, o sobre la maravillosa forma de tocar el bajo de Herbie Flowers, o sobre las entretenidas historias de Rick Wakeman (quien es muy buen amigo de Norman Wisdom, algo de lo que Bowie se entera ahora), puedes darte cuenta de que estas personas rara vez figuran en sus pensamientos. Está contento con su nueva banda. 

Ahora me preocupo por la gente -concluye-. Antes no solía hacerlo, probablemente porque tampoco me preocupaba por mí mismo. Pero, de verdad, creo que ahora me preocupo por la gente, por saber si lo están pasando mal o bien. 
Fuente: Bowie por Bowie - Entrevistas y encuentros con David Bowie - Sean Egan - Libros Cúpula.

martes, 31 de marzo de 2020

New Musical Express, Steven Wells, 25 noviembre de 1995



Le pregunto si ayer vio el documental en la tele sobre The Small Faces, y si no es raro que esos tipos, que solían ser criaturas delgaditas y sensuales, ahora estén todos regordetes, arrugados y viejos, pero tú, señor Dorian Gray, te ves aun cool, delgado y sexi. Le pregunto si cree que habría tenido la mitad de éxito en el Olimpo del Rock de los Pervertidos si hubiera sido un poco gordo y con cara de hámster como moi, me mira y me dice: “¡Ja! ¡Sueño con ser regordete!”. Y no solo eso, sino que con gusto cambiara su cuerpo por el mío el día que la tecnología lo haga posible. Cool!

Fuma Marlboro Lights como una chimenea

Estaba fumando treina marlboros rojos al día ay luego me pasé a los lights, y ahora estoy fumando sesenta al día. ¡Es ridículo! Se supone que voy a dejar de fumar pronto por completo, pero no puedo…

¿Te preocupa la mortalidad? Cada vez que enciendes un cigarrillo, ¿te imaginas pudriéndote en una sala de enfermos de cáncer? 

No. Me encanta la muerte. Cuanta más muerte mejor. Creo que es algo bueno. ¡Ja, ja, ja!

¿Has leído “Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo”, de Allen Carr?

¡Oh, sí! Leí el libro, escuché las cintas. ¡Puse de mi parte! ¡Fui a un -shhhh- “hipnotizador de renombre” Fue vergonzoso. Pasados veinte minutos no estaba ni cerca de quedarme dormido. Solo le escuchaba hablando sin cesar y me dolía mucho el culo. Quiero decir, me dolía muchísimo el culo, pero no me atrevía a moverme, porque podría avergonzarnos a los dos, porque yo fingía estar hipnotizado. No podía decirle: “Disculpe, ¿le molesta que mueva el culo de lugar?”. 

Bowie se retiró a Berlín, con el igualmente demencial Iggy Pop.

Comencé a hacer amigos por primera vez. Sé que suena extraño, pero no tenía mucha gente a la que enfrentarme y decirle: “Mi vida no es como la tuya”. No conocía a nadie, de verdad. Iggy era una de las pocas personas que conocía, pero apenas. Aún somos muy cordiales el uno con el otro y tenemos esa especia de cuidado entre nosotros. En el mejor de los casos, el vínculo que tenemos es débil. No podría decir que fuéramos amigos del alma…

¿Alguna vez te miras al espejo y piensas: “Carajo… ¡es David Bowie!”?

¡Ja! Hace mucho que no hago eso. Creo que lo más cerca que he estado fue tratar de emocionarme conmigo mismo. Decirme a mí mismo que soy muy bueno. Siempre he tenido un problema al respecto. 

¿Por tu falta de confianza?

Sí, es terrible. Tiempo atrás era muy importante para mí creer que era muy, muy grande en lo que que hacía, ehhh…

¿Pese al hecho de que todos querían lamerte el culo?

Sí, sí. No me creía todo aquello. No. Siempre tuve un problema grave con mi valor como artista e, imagino, con mi valor como persona también. Una autoestima terriblemente baja. De verdad, diabólicamente baja. No lo creerías. 

El periodo de Tin Machine debe haber sido duro, porque no hubo Dios a quien le gustara aquello.

No. Sí, sí. Eh…, realidad yo disfruté muchísimo. Me encantaba. Me encantó la confusión que produjo. ¡Ja, ja! El hecho de que podía causar tamaña hostilidad. He tenido mucho suerte de no resultarle indiferente a nadie. La única vez que sentí algo diferente fue a mediados de los ochenta, cuando hice esos “álbumes indiferentes”, y sentí lo que era ser mediocre, ¿sabes? De hecho, lo irónico es que tanto “Tonight” y, mmm, el otro, no puedo recordar cómo se llamaba, eh…, “Never Let Me Down”, los dos me enseñaron una nueva lección, y es que la mierda vende. ¡Ja, ja, ja! ¡Canciones de mierda, realmente horribles!

Tin Machine, ¿te quitó de un plumazo esa cosa vergonzosa de ser una estrella de rock de mediana edad?

Te diré algo. Hazme un favor. Al volver a casa, pasa por la tienda de discos, compra una copia del álbum “Tin Machine” y escucha una canción que se llama “I Can’t Read”. Escucha esa, ¿quieres? No te pido que escuches el resto, solo escucha esa canción en particular, porque creo que es una de las mejores que haya escrito jamás. ¡De verdad!

Estuve rastreando viejos ejemplares de New Musical Express buscando un artículo y me encontré con uno sobre “lo chic que es ser nazi”, ilustrado con una foto tuya en Victoria Station, haciendo el saludo nazi con una chaqueta de cuero.

En realidad, era una chaqueta de lana.

Te disculpé unas cien veces por ese incidente, pero ahora sales de gira con Morrissey, un artista que también ha sido llevado a la hoguera supuestamente por coquetear con una imaginería sórdida de derechas, y que increíblemente, nunca sintió la necesidad de disculparse o incluso de explicar sus actos. ¿Cómo te sientes al respecto?

La verdad es que no sé cuál es su rollo. No estoy familiarizado con lo que ha estado diciendo. De hecho, esa fue una de las cosas de las que quisiera hablar con él. Cuéntamelo tú.

Así que se lo cuento. Le cuento a señor Bowie que lo que de verdad molestó a la gente fue la elección del momento oportuno, cuando Morrissey, en lo que parecía ser un ataque de arrogante rencor artístico, ignoró todas las críticas y negó la necesidad de tener que explicar sus actos en un momento en el que estaban lanzando bombas incendiarias a los trabajadores inmigrantes turcos en Alemania, en el que un partido abiertamente nazi ganaba un escaño en el consejo de Bermondsey, y en el que los “nuevos nazis se jactaban y se sentían lo bastante confiados para comenzar a deambular por las calles buscando negros y asiáticos para desfigurarlos y asesinarlos. El paralelismo con el coqueteo con el fascismo de Bowie en 1976, en un momento en el que el Frente Nacional Nazi (predecesor del Partido Nacional Británico) cosecha los frutos de un ascenso de popularidad real y terrorífica, era obvio. 

Vaya, puedes ser muy espeso cuando quieres. Yo tenía esta obsesión morbosa por lo que se entiende como ‘misticismo’ del Tercer Reich. Las historias de las SS que venían a Inglaterra en búsqueda del santo grial, ese era el aspecto que en verdad me atraía en el estado drogado y enfermizo en que me encontraba. Aunque ahora parezca absurdo, simplemente no se me ocurrió que lo que estaba haciendo tuviera alguna relevancia. Mi interés predominante estaba en la cábala y el crowleyismo  (por Aleister Crowley). Todo oscuro, un tanto escalofriante y apocalíptico del lado equivocado del cerebro. 

¿Crees que esa cuestión del magick tiene la capacidad de afectar el mundo físico?

No, creo que esas cosas se convierten simplemente en sostenes simbólicos de lo negativo. Yo me encontraba en un estado de ánimo muy adolescente, incluso cuando ya no lo era. Las drogas prolongaron el estado de la adolescencia. O pueden prolongarlo en cualquier caso; a mí ciertamente, me lo prolongaron.

Tus entrevistas recientes han enfatizado la naturaleza “artística” de Outside y tú también hablaste mucho sobre “el espíritu”.

Acababa de leer un libro de John Berger, ‘Modos de ver’, y en él se explica que el arte, en realidad, se trata de una ‘falsa religiosidad’. 


Yo sé que buen parte de mi generación leía en serio. Todo aquel que uno conocía en ese periodo leía al menos un libro al mes. La forma en que se accedía a la información era mucho más lenta, más deliberada y, hasta cierto punto, más profunda. No estoy diciendo que fuera necesariamente algo bueno. No se lee ya de ese modo y no es algo despectivo, simplemente las cosas son así.

Fuente: Bowie por Bowie - Entrevistas y encuentros con David Bowie - Sean Egan - Libros Cúpula.

domingo, 29 de marzo de 2020

Ikon (Reino Unido), Chris Roberts, Octubre de 1995


Ikon (Reino Unido), Chris Roberts, Octubre de 1995
(Extractos de la entrevista)




Nathan Adler, álter ego de Bowie, es un detective que sigue la pista del asesinato artístico-ritual de Baby-Grace, cuyo cuerpo desmembrado se encuentra en un museo de arte moderno. A mediados de los años noventa, la revista “Q” pidió a Bowie que escribiera un diario durante diez días. Bowie, en lugar de su día a día, escribió el diario ficticio de este personaje, que se convirtió en la base de las letras de Otuside. 


¿Sientes que has adquirido una sabiduría significativa?

El anciano sabio, ¡ja, ja!, ya ves, estuve haciendo el papel de alguien de ciento treinta años a los treinta y ocho, o algo así, con The Hunger. ¡Y lo hago con más facilidad ahora!

Ahora soy lo bastante viejo -¡hurra!- para tener una obra con cuerpo, lo cual es genial. Significa que puedo echar mano y sacar símbolos y atmósferas e incluso procedimientos y técnicas que ha utilizado antes, y volver a aplicarlos a nuevas situaciones. Es una máxima básica que, si sacas algo de contexto y lo pones en otro, cobra un conjunto diferente de significados.

De modo que, con Outside, al ubicar el espeluznante entorno de la ciudad de Diamond Dogs en los noventa, le doy una vuelta completamente diferente. Era importante para esta ciudad, para este escenario, tener una población, un número de personajes. Traté de diversificar a esos personajes de verdad excéntricos tanto como fuera posible. Por encima de todo, una ambición de hace tiempo es hacer una serie de álbumes que se extienda hasta 1999, para tratar de capturar, por medio de esa estrategia, cómo se sentirán los últimos cinco años del milenio. Es un diario dentro de un diario. La narrativa y las historias no son el contenido, el contenido son los espacios entre los puntos lineales. Las texturas, revueltas, extrañas. 

La obra suena paranoica y siniestra, mientras que tú en persona, o tan en persona como podré llegar a conocerte alguna vez, pareces exuberante…

Oh, tengo las esperanzas más piadosas para el fin de siècle. Lo veo como un rito sacrificial simbólico. Lo veo como una desviación, un pagano deseando que los dioses aparezcan, para que podamos movernos. Hay na auténtica sed espiritual ahí fuera que es llenada por estas mutaciones de ritos y rituales que apenas se recuerdan. Para ocupar el vacío que dejó una iglesia no autoritaria. Tenemos este botón del pánico diciéndonos que el fin de siglo va a ser una locura colosal, y no lo será. El mayor problema que tendremos será el nombre que le daremos. ¿Dos mil? ¿Veinte-cero-cero? ¿Veinte-veinte? Bueno, lo viviremos enteramente, pero ¿qué nombre le pondremos?

¿Se pierde mucho tiempo en las esperas?

Sí, lo odio, sabes. Me agoto al hablar de cine después de un rato. La gente se queda allí, hablando de películas que están terminando o que van a hacer, de todo lo que rodea a la industria. La gente no parece tener otra vida fuera de ello, y piensas: “Dios, ¿no podemos hablar de otra cosa que no sea de películas? Zzzz…”

Hacer el papel de Warhol, de quien decoraste que era imposible distinguirlo de una pantalla cinematográfica, debe de haber sido divertido, sin embargo.

Sí, fue genial, porque solo fueron diez días. Yo tenía siete mil palabras, y una vez que me las aprendí en el orden correcto, fue pan comido. Fue un papel más desafiante. 





Siempre me atrajo el “flujo de conciencia”. Desde que era niño. Me sentía más familiar y tenía más empatía por gente como Jack Kerouac, Ginsberg, Ferlinghetti y, desde luego, más tarde, por Burroughs, a fines de los setenta. La gente como Thomas Hardy tiene una resonancia que valoro, pero aun me resulta muy difícil. 

¿Es más aplicado que brillante?

Sí. Sabes, entiendo que lleve su tempo leerlo y que tenga matices que deberían considerarse. ¡Pero no estoy seguro de tener tiempo!

Sí, hay muchos otros árboles.

Puedo leer mucho, eso sí. En una buena semana, paso por tres o cuatro libros. Somos, por tradición, una nación literaria, ¡como puede verse en la forma en la que denigramos las artes visuales! Y heredé ese gran amor por la literatura, me encanta que me cuenten una historia, que me muestren nuevas ideas. 

Pero lo que me gusta de los escritores que trabajan con el flujo de la conciencia es por lo mismo por lo que espero que a mi público le guste de mi obra, y es que me pertenecen más. Hay más espacio para la interpretación. En un libro de Hardy los parámetros de la narrativa y la sensibilidad están dictados por el autor. Tienes que seguir su plan e ingresar en su mundo de la manera en que él quiere. Yo prefiero que se me permita más laxitud: algo que pueda usar. 

Fuente: Bowie por Bowie - Entrevistas y encuentros con David Bowie - Sean Egan - Libros Cúpula.