lunes, 30 de noviembre de 2020

¿Recuerdas tu primera vez? Paul Du Noyer , The Word, Noviembre 2003

Bowie & Me

Bowie ríe con exasperación al fijarse en los fans británicos cuando entra. “Les dije que no iba a ser un concierto largo”. Recuerda que decidió no tocar todo el álbum esta noche -estamos a un mes del lanzamiento de Reality- porque imagina que mañana podría haber una copia pirata del concierto en venta en eBay. 



David Bowie no posee teléfono móvil, pero en Schwab tiene lo más cercano a su equivalente humano. 


Treinta y un años después y el Bowie que se mueve delante de mí es impresionantemente el mismo. El único peso que puede apreciarse lo ganó en algunos músculos de los pectorales y bíceps. 


Bowie volvió a casa desde Poughkeepsie a eso de la una y media anoche, pero sin embargo despertó esta mañana a su hora habitual, las 6.30. Le gusta salir temprano de su apartamento a caminar por el centro. Dice que es su hora favorita en Nueva York, cuando no hay nadie más que los trabajadores de Chinatown que llevan vegetales frescos al mercado. 


¿Siente que Nueva York es su casa en estos días?


Sí, realmente sí. Siento que estoy de vacaciones en un sitio al que siempre había querido ir, una sensación de la que no puedo despegarme. Así que casa no es muy correcto, ¿verdad? Siempre me siento un extraño aquí. Soy un marginal. Aún soy británico, de verdad, no hay cómo evitarlo. 


Este Bowie de cincuenta y seis años se ve enteramente vivo y envidiablemente bien. 


Como la mayoría de los exadictos -y Bowie declara tener una personalidad adictiva- le encanta hablar sobre sus viejos tormentos y no puede pasar por alto el tema de los cigarrillos. “La cruz de mi existencia”, se queja. El arma de defensa que eligió son palillos de hierbas (aparentemente, Australian Tea Tree) que tienen lo que describe como “un sabor extraño, mentolado”. Inevitablemente, ahora es adicto a ellos. 



Sin embargo, se encuentra en plena forma física. Cerca de tres veces por semana se encuentra con un entrenador personal cuya especialidad es hacer boxeadores e los chicos rudos de los distritos más difíciles de Nueva York, y Bowie ríe cuando se le pregunta que hizo este tipo con él, con este frágil esteta inglés que ni siquiera podría dar puñetazos a una bolsa de papel. “Creo que me sacó del simple atolondramiento. Pero soy bastante disciplinado. Ahora entre no mucho. Comencé de verdad cuando nació nuestra niña, porque quería durar un poco más para ella: “Vamos, en marcha, Bowie. Solías esta en forma, hazlo otra vez”.


Es conocida su afición a internet, desde luego. Se debe a su comunidad de admiradores online, Bowienet, como un pastor particularmente diligente (todos sabemos que Bowie adoptó varios disfraces a lo largo del tiempo, pero ¿quién hubiera pensado que internet Service Provider sería uno de ellos? Y sí, lo es). Aún pasa buena parte del día en el ciberespacio, dice, especialmente cuando está investigando para su novela.


¿Una novela? Sonríe, apenas tímido:


Precisa de unos cien años de investigación y no la completaré en lo que me queda de mi vida, pero me lo paso bien. Comienzo con el sindicalismo femenino en el sector del comercio del este de Londres en 1890, y sigo justo por Indonesia y los problemas políticos en los mares del Sur de China. Selecciono cosas extraordinarias que nadie sabe. Y es tan fácil investigar en internet. Es algo que estuve escribiendo los últimos dieciocho meses y es espantosamente difícil. El problema es que mi línea argumental empezó a bifurcarse en algún punto, porque sigo encontrando gran cantidad de cosas interesantes, y tengo que decirme: “No, vuelve a la historia, deja de irte por la tangente. Solo demuestra que puedes escribir una maldita historia que tenga un principio, un nudo y un desenlace”.


Es tan épica que no estoy seguro de que alguna vez la termine. Quizá mis notas emerjan cuando muera. ¡Son interesantes! Hay un horrible montón de “¿sabías que…?” -pone la aburrida voz de un habitual de un pub de los suburbios- ¡Ja, ja, ja! ¿Sabías que hacia 1700 la población de Londres era un 20 por ciento negra? Todos vivían en la zona de St. Giles, había pubs de negros…


Pese a que algunas de las canciones de Heathen tenían un aire desolado, producto del 11 de septiembre, en realidad fueron escritas antes de ese día. Las de Reality fueron escritas después. Y su casa adoptiva, la ciudad de Nueva York, se encontraba en medio de todo. 


Se trazó una línea negra en la historia de Nueva York el 11 de septiembre. De veras cambió todo en esta cultura. Incluso de la forma más sutil. Me asombró la manera en que los neoyorquinos se juntaron durante el apagón -el apagón de electricidad de agosto de 2003-. Fue algo absolutamente sin precedentes. Creo que la última vez ocurrió hacia 1977, también me encontraba aquí, y escribí una canción llamada “Blackout”. Recuerdo fuego, saqueos, se puso muy feo. Pero esta vez todo el mundo estaba buscando al prójimo. Fue extraordinario. No hubo saqueos. Normalmente, es la regla número uno: hay un apagón, se desconectan todas las alarmas, y hay saqueos. Pero esta vez fue extraordinario. Definitivamente, hay un sentido de comunidad aquí que no había antes. 



De la sátira pasamos al misticismo y de algún modo llegamos a George Harrison, cuyo “Try Some, Buy Some” es versionado en Reality.

 

                Él mantiene una creencia en algún tipo de sistema. Pero a mí me resulta muy difícil. No en la vida cotidiana, porque hay hábitos que me han convencido de que hay algo sólido en lo que creer. Pero cuando me pongo a filosofar, en esas “largas horas de soledad”, esta es la fuente de todas mis frustraciones, me machaco con las mismas preguntas que me he hecho desde los diecinueve años. Nada cambió en realidad para mí. Sigo con aquella abrumadora búsqueda espiritual.

 

                Si puedes llegar a una conexión espiritual con algún tipo de claridad, entonces todo lo demás encontrará su sitio. Tendrás a tu disposición una moralidad, un plan, algún sentido. Pero se me escapa de las manos. Sin embargo, no puedo evitar escribir sobre ello. Mi arsenal de temáticas se hace cada vez más pequeño y se reduce rápidamente a esas dos o tres preguntas. Pero son preguntas continuas y parece ser la esencia de lo que he escrito a lo largo de los años. Y no voy a parar.

 

                Hacia 1976, consentí en asistir a su siguiente gira, los conciertos del Delgado Duque que acompañaron a Station to Station. Su estilo esta vez era impecable: traje negro, camisa blanca, los Gitanes en el bolsillo de su chaleco, el tupé rubio como lamido por una vaca del Berlín de preguerra. Era una buena imagen, e iba a repetirla con éxito en los últimos tiempos. Haciendo cola en Wembley, saqué un malicioso placer divisando los tontos de cabezas con brillantina que se habían tropezado con el nuevo régimen y aún se vestían como payasos de Bacofoil -una marca de productos de nailon-. Esa misma semana, en mayo, su película “El hombre que vino de las estrellas” se estrenó, y en las estaciones de metro de Londres que lucían el cartel de la película, había una curiosa tendencia a dibujar una pequeña esvástica en el pómulo de Bowie. Yo comencé a ver a los Sex Pistols en el 100 Club y entontré allí tipos más artísticos llevando esa mismo y pequeña esvástica.

 


                En los ochenta, vimos a un David más alegre en los bulevares del pop, pero para mí no fue un logro. Mientras que el exceso físico y la turbulencia mental de los setenta se complementaban al menos con una música maravillosa (Ziggy Stardust, Low y los demás), la siguiente década lo encontró paseándose con discos mediocres como “Never Let Me Down”. Fue tal mi desilusión que recuerdo tener entradas de prensa para la gira “Glass Spider” en 1987 y decidir de improviso regalárselas a alguien en un pub. Hoy Bowie recuerda aquel periodo como una crisis creativa:

 

                Mi propio éxito como compositor y artista, creo, cobra vuelo si estoy haciendo algo acorde con mi integridad personal. Mis peores errores han tenido lugar cuando intenté pensar demasiado o complacer al público. Mi obra siempre es más fuerte cuando me vuelvo egoísta respecto a ella y hago solo lo que quiero hacer. Aun cuando fueron ignorados, y tal vez con justicia, hubo un par de álbumes en los ochenta a los que les fue excepcionalmente bien. Y aunque no soy un artista que venda muchísimo, no son álbumes de los que esté orgulloso. Prefiero decir que compuse “Buddha of Suburbia”. Me siento mucho más cómodo con él que con “Never Let Me Down”, incluso cuando este sí vendió mucho.

 

                Mientras los noventa avanzaban, sentía que mi escritura se fortalecía cada vez más. Sabía que era diferente. Acaso no tuviera la energía frenética de parte de mi material de juventud, pero es así a medida que envejeces. Sin embargo, había cierta calidad en la escritura. Y francamente, estos últimos tres o cuatro años, estoy muy contento con la forma en que estoy escribiendo. Ahora me siento muy confiado para salir de gira y enfrentar las nuevas canciones con las viejas. No me siento intimidado, es así de simple.

 

                Resulta que hemos estado viviendo con mucha presión estos últimos años. Los buenos tiempos están bien y, ciertamente, son pasado. La ansiedad es cíclica, ¿verdad? Por eso sigo tratando de ser positivo. La última vez fue bahía de Cochinos -un preludio a la crisis de los misiles en Cuba, en 1962-. Recuerdo lo asustados que estaban mi madre y mi padre, realmente pensaron que habíamos llegado a un límite y que íbamos a sucumbir al holocausto nuclear. De vez en cuando llega uno de esos momentos en que piensas: “Bueno, escapamos la última vez, y yo tengo una hija de tres años ahora y definitivamente vamos a escapar esta vez porque ella va a tener una vida, joder”. Como esa idea sigue acudiendo a mí, no puedo permitirme ser negativo ya. Ya no me corresponde ser nihilista, incluso por razones creativas. Tengo que ser positivo.

 

                ¿Te sientes mejor al haber pasado por todo lo que pasaste?

 

                Es la parte que más asusta, pero la verdad es que no me arrepiento demasiado. Me arrepiento en lo personal, por mi comportamiento y por la gente a la que defraudé considerablemente en aquellos años. Pero la vida era así entonces para mí, así fue mi vida, y no puedo verla en términos de arrepentimiento. Si pienso en que perdí años de mi vida, entonces tal vez debería haberme embarcado en una aventura completamente diferente, ajena a la música. Así que no me arrepiento. Si me dijeran que todo va a suceder de nuevo y pudiera retener los recuerdos de lo que ocurrió la última vez, no creo que hiciera lo mismo en absoluto. No lo haría porque es demasiado arriesgado. Podría morir la próxima vez, es lo que importa. O salir de ello mentalmente desequilibrado. Sabiendo lo que sé ahora… no volvería a someterme a algo así nuevamente.

 


                ¿Sientes que has sido afortunado?

 

                ¿Si me siento afortunado? Te diría que la suerte no ha tenido nada que ver con eso…

 

                ¿Bendecido?

 

                Así debería titular uno de mis álbumes. Me siento bendecido. Podría darle gracias a Dios. Sí, ¿Pero a cuál?


sábado, 14 de noviembre de 2020

Un día perfecto - Mikel Jollett , julio agosto de 2003, Filter (Estados Unidos)




No hay nada peor que hacerle escuchar a alguien tu propio álbum y que termine odiándolo. Me ha pasado ya. Pienso: “¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Por qué estoy escuchando esto? Tengo que volver a mezclarlo completamente”. 



Trato de hacerle una pregunta sobre su interpretación de Andy Warhol en la película Basquiat, pero interrumpe la entrevista, como es su costumbre, bastante súbitamente, diciendo: “No puedo creer que esté sentado aquí haciendo una entrevista sin ningún producto en el pelo”. Lanza una carcajada. Parecía que Bowie conocía bien los chistes de Bowie. Es inseguro y busca aprobación, deseoso de que uno forme parte del placer de estar a su alrededor. Me siento un cretino. Trato de consolarlo diciéndole: “No te ves bien”. “Vaya, odio mi pelo. Tengo un pelo que, si no le pones media libra de grasa, simplemente se ve horrible.”


Lo cual nos lleva naturalmente a una breve charla sobre Andy Warhol. Otro artista monumentalmente influyente:


Como todo el mundo, yo nunca llegué a conocerlo. Quiero decir, ¿qué había que conocer? Con Andy era muy, muy difícil. Hasta el día de hoy, no sé si había algo bullendo en su cabeza. Aparte de los comentarios superficiales que te soltaba. Quizá era así como escondía algo más profundo, pero no lo sé, en realidad. Quizá fuera que era una de esas reinas sagaces que entendía el ‘Zeitgeist”, pero no de una manera cerebral. Todo lo que decía eran cosas como -entona una voz cansina y mortuoria de reinona-: “Guau, ¿viste quién está aquí?”. Pero nunca iba más allá de eso -nuevamente con voz cansina- : “Vaya, ella se ve genial. ¿Cuántos años tiene ahora?”. Lou -Reed- sí conocía a Andy, desde luego, mucho mejor que yo. Y él siempre dice que había muchas cosas bullendo en su cabeza. Pero yo nunca las vi. 




‘Velvet Goldmine’ fue eso. Se suponía que ese tipo que sale en la película era yo, aparentemente. Te diré algo -su voz cae una octava hasta el tono en el que uno se apoya para revelar algo- : a mí me pareció tan carismático como un vaso de agua. Yo creía claramente que tenía más chispa que eso.Ese tipo era más Warhol que yo haciendo de Warhol. Era un chico apuesto además, y pensé, “vaya, gracias”, pero obviamente no se habían fijado en cómo tenía yo los dientes entonces. 


La cuestión es que la película es resultado de una perspectiva netamente norteamericana. Y el glam nunca sucedió en Estados Unidos. Fue una cosa intrínsecamente británica. Tienes que entender la idea de que había albañiles y gente así que, un buen día, de pronto, empezaba a maquillarse. Fue así de raro. 


La cuestión, desde luego, es que aquello solo duró un año y medio. De principio a fin. Todo el movimiento. Todos nos apartamos de ello, tanto Roxy Music como yo nos apartamos. Desde luego vinieron los advenedizos, los Jerry Glitters y todo eso. Eran horribles de todos modos. No nos gustaban. Éramos muy esnobs al respecto. Fuimos solo tres: T. Rex, Roxy y yo. Eso es todo. Esa fue toda la escuela del glam rock. Ni siquiera fue un movimiento. 


Mi acervo de referencias era tan diverso que lo que sacaba estaba teñido de cosas muy extrañas. Esa suerte de facilidad que tuve me ayudó a entender la música. Nunca dejo nada de lado… salvo el country y el western, desde luego. Es cierto, ¿verdad? Mierda, ¿no odias esa maldita música? Es espantosa. No puedo soportarla. Y Estados Unidos me encanta. Me encanta todo lo que sale de allí. Pero eso… nunca lo entendía. Cuando Mick Jagger me dijo: “Oh, me encanta”, yo le respondí: “¿Qué le ves de bueno?”. Todos esos provincianos… Oh, debería cerrar la boca. 


Etiquetémoslo como posmodernidad. Es casi como el gato contrapuesto a las palomas. Cuando Nietzsche dijo: “Dios ha muerto”, aquello realmente perturbó el siglo XX. Y cuando lo dijo, lo desbarató todo, filosófica y espiritualmente. Y creo que cuando los posmodernos, a principios de los sesenta, hicieron circular la idea de que no volveríamos a concebir nada nuevo, también desbarataron las cosas. Es algo que se filtra. Esa idea se volvió definitivamente parte de nuestro pensamiento. Y sabes, empiezas a preguntarte. Radiohead, por ejemplo, con todo lo que me gustan, ¿no es básicamente una suerte de Aphex Twin con un ritmo sincopado? Quiero decir, ¿hasta qué punto es eso nuevo? E, ¿importa eso ya? Me lo pregunto. ¿No deberíamos ser más aplicados y pensar que el original lo es todo y el fin de todo? Nuestra cultura trata de montar algo…, es estilo, no moda. Yo soy muy enfático en ese sentido. El estilo es la forma en que montamos nuestra cultura. Es la razón por la que elegimos una silla. La elegimos porque se ve de una determinada manera. ¿Para qué nos molestamos? ¿Para qué tomamos decisiones sobre una silla? Necesitamos hacerlo para, de algún modo, afirmar mucho sobre nosotros mismos. 


Creo que ahora no tenemos un dios. No tenemos confianza en ningún tipo de política. Estamos completa y totalmente a la deriva en materia filosófica. Y no creo que queramos cosas nuevas. Creo que estamos mendigando las cosas que conocemos para ver si podemos mantener algún tipo de civilización que nos ayude a perdurar y sobrevivir en un futuro. No necesitamos novedades. Estamos jodidos. Ya tenemos bastante de lo nuevo. ¡Suficiente! Este es el momento, recordadlo. Nos sentiremos muy satisfechos cuando seamos capaces de aceptar que la vida es caos. Creo que hace diez o quince años ese era un pensamiento horrendo. Pero estamos empezando a sentirnos más cómodos con la idea de que la vida es caos y que es tan simple como eso: caos. No hay estructura. No hay plan. No estamos evolucionando. Tenemos que sacar lo mejor que tenemos. Y podemos ser felices en el caos; creo que deberíamos establecerlo como estilo de vida para estar más satisfechos. 


viernes, 23 de octubre de 2020

David Bowie Entrevista: La vida en la tierra, Ken Scrudato, Soma Julio de 2003 (Estados Unidos)




Te escapaste de esos personajes que tenían la capacidad de hablar por ti…


Matizaría eso, pero sí. 


¿Podrías haber estado sobre un escenario ante veinte mil personas en algún punto de tu vida y decir lo que querías decir sin ellos…?


Bueno, siempre les hice decir lo que yo quería.


Pero ¿podrías haberlo dicho sin algo que lo canalizara?


¿Sin un personaje? Sí. En serio, dejé de concebirlos por mi propio bien de todos modos. Pasé por un periodo tan traumático a fines de los setenta que de verdad me cambió el rumbo. No compuse de un modo narrativo últimamente. Supongo que había algo de eso en ‘Outside’. En ese álbum éramos Brian Eno y yo, saliéndonos por una tangente extraña. Queríamos establecer una suerte de manifiesto sobre lo que fue el principio de los noventa. Creo que bastante acertado. 


Es uno de mis álbumes favoritos. 


Gracias, muchas gracias. Debo decir que al núcleo de mis fans, los que en serio conocen mis álbumes, les gustó mucho. Tenía toda una multitud de personajes, y de haber tenido un periodo de atención y motivación, habría sido bonito continuarlo de forma más plena. Grabamos una cantidad enorme de material y, en serio, existía la idea de hacer una continuación, una segunda y una tercera parte. Y habría sido bonito llevarlo adelante de alguna forma, como una especie de trilogía teatral. Pero simplemente no tengo paciencia. Brian sí la tendría. 


Ese es su trabajo, ser paciente con un genio. 


Bueno, él también es un genio. 


La cultura, tal como la conocemos, capaz de afectar al mundo más allá de un impacto directo y emocional, pues… eso, esencialmente, ha terminado…


Sí, de eso trata el pensamiento posmoderno. El fin de la cultura llegó. Creo que en realidad la intención de lo que dicen van más allá de que estaremos repitiendo de forma diferente todo lo que  se hizo antes. No estoy tan seguro de que la cultura misma haya terminado, pero es cierto que ya no se producirá nada nuevo. 


Pero internet no ha terminado. 


En lo que a mí respecta, sí (lanza una carcajada). ¿Has intentado comprar algo online últimamente?


Sí, pero es solo un problema con las tarjetas de crédito. Si vieras algunas cosas que se están haciendo… Tienen un marcado matiz de subversión. Le ha dado voz a gente que nunca, jamás, tuvo la posibilidad de tener veinte, cincuenta, mil personas, oyendo lo que tienen que decir. 


Sí, sí, ¡absolutamente! Pero en cierto modo en internet todo sigue estando tan oculto como siempre. Debe de haber un millón de bandas en internet ahora, pero ¿con cuántas  te vas a encontrar?


Cierto. 


No sé, creo que la parte más preocupante es que uno puede encontrar demasiado en internet. No creo que la gente le saque provecho de la forma adecuada. 


La gente tiene miedo de ciertas informaciones. 


Sí. Por ejemplo, yo visito mucho un sitio que se llama TruthOut.com, que creo que tiene una colección fantástica de ensayos y artículos sobre política y problemática internacional. En verdad, es un fabuloso depósito de información, de lo que se escribe en la prensa alternativa o en la prensa del resto del mundo, algo que aquí nunca ve la luz del día. Sé que muy poca gente lo lee y creo que es una pena. 


Me pregunto si estamos destinados a destruir el mundo y pienso que no poseemos la habilidad para impedirlo. 


No  creo que estemos destinados a hacerlo. No creo en absoluto que vayamos a destruirlo. No soy tan pesimista. Solo pienso que estamos en una transición en la que nos convertiremos en una humanidad que acepta el caos como premisa básica. Que acepta que existamos de esa manera. Y creo que estamos a medio camino entre las estructuras y la teoría del caos en este momento. Es evidente que evolucionamos en esa dirección. 


Pero no estoy seguro de que la tierra pueda resistirlo. De hecho, quizá no sobreviva a nuestro progreso. 


¡Oh, vaya! (Ríe)


¡Pero tú y yo ya no estaremos aquí!


Bueno, no voy a contarle eso a mi hija. Voy a contarle que va a tener una gran vida y que este es un mundo fascinante y que debería abrirse a todo tipo de experiencias… con cuidado. ¿Entiendes?, tengo que hacer eso. Es muy importante para mí esforzarme y desarrollar una actitud positiva. Porque este mundo ya no es para mí, y soy profundamente consciente de ello. No puedo ser así de egoísta. Y es muy, muy fácil para mí inclinarme hacia el lado más deprimente, nihilista y oscuro de la vida. En mi caso, siempre fue demasiado fácil hacerlo y ahora simplemente ya no lo necesito. Aparece en lo que compongo porque es el único espacio en el que me permito funcionar de esa manera. 


Es allí donde lo resuelves.


Sí. Y es como el viejo proverbio que usa Brian: “En el arte puedes estrellar tu propio avión y simplemente alejarte de allí”, algo que, desde luego, no puedes hacer en la vida real. Presentas una imagen más oscura de ti para que se vea, pero luego la rechazas, todo dentro del proceso de escritura. Hay algunas canciones en el nuevo álbum con las que yo no estoy de acuerdo. Pero es cierto que yo las compuse. Salieron así. 


Es como si estuvieras dialogando contigo mismo. 


Y creo que eso es lo que queda para mí en la música. Antes pensaba que tenía algo que decir. Y debió ser así. ¡Era joven! (Ríe).  Lo sabía todo por entonces. Ahora encuentro que las cosas están dirigidas por mí. Y que eso es lo que hago. ¿En qué me concentraría si no pudiera hacer lo que hago? Si no hubiera podido escribir canciones y cantarlas, no habría importado lo que hiciera. De verdad siento eso. Que tenía que hacer esto. 


Siempre me sentí afín a escritores como Camus, aunque la gente viera en él mucha negatividad. ¡Yo no! Para mí era muy importante lo que él tenía que decir. 



Así que vas a emprender una gira enorme con este disco. 


Sí. Y va a ser muy dura, porque no he hecho una gira larga desde hace mucho, mucho tiempo. Y esta gira, que arranca en septiembre, va a ser de veras enorme. El lujo que me doy en esta situación es que podré llevarme a mi esposa y a mi bebé conmigo. Cuando sea posible, cuando pueda dejarlas en una casa en Europa y volar aquí y allá, lo cual es bastante factible en Europa, porque nada queda demasiado lejos. 


¿Cómo te las arreglas? ¿Cómo puedes seguir haciendo tantas cosas?


No estoy seguro de cuánto me queda, ¿sabes? Pero hacer música está aún por encima de todo. De verdad que disfruto mucho; me encanta componer y me encanta crear. Y creo que todos tenemos el deseo de que algo nos ponga en marcha y pueda nutrir nuestro amor por la vida. Se hace cada vez más difícil conectar con una sensación de ese tipo, creo, pero ¿qué otra cosa podría hacer más que lo que hago?

jueves, 16 de abril de 2020

Mojo - Paul Du Noyer , Julio de 2002


Mojo - Paul Du Noyer , Julio de 2002

Con la sola excepción de Space Oddity (que en 1972 ya se había borrado de la memoria pública), la carrera de Bowie tardó años en entrar en calor. Cuando le llegó el éxito con Ziggy , ya llevaba ocho años haciendo discos sin un sitio en los rankings, como David Jones & The King Bees, Davy Jones, The Manish Boys, The Manish Boys, y, a partir de 1966 como David Bowie. 

Bueno, tardé mucho tiempo en hacerlo bien. No sabía cómo componer una canción, no era particularmente bueno. Me esforcé en ser un buen compositor y me convertí en un buen compositor. Pero no tenía talento natural en absoluto. Me llevó mucho trabajo llegar a ser bueno. Y de la única forma que podía aprender era viendo cómo lo hacía otra gente. No era uno de esos tipos que ya bailaban en el útero como Marc -hace referencia a un verso de la canción de T.Rex, de Marc Bolan, “Cosmic Dancer”: “Yo ya bailaba cuando estaba dentro del útero”. 

No bailaba, iba dando tumbos. 

Incluso antes de repuntar alto con el primer single de de Ziggy, “Starman”, Bowie comenzó a dar forma a su agenda de 1972 gracias a una entrevista para Melody Maker en febrero de ese año, en la que declaraba que era gay. El gato de pronto era acorralado por las palomas. 

¿Por qué lo dijiste?

Me pareció que podía quitarme mucha tensión de encima al “revelarme” a la prensa de esa manera, en circunstancias muy tempranas. De esa forma no iba a haber nadie que cayera de improviso diciendo -pone la voz vil de quien chismorrea un escándalo- : “Te diré algo que no sabes sobre David Bowie…”. No me iba a pasar nada de eso. Sabía que en algún momento iba a tener que decir algo sobre mi vida. Y, otra vez, Ziggy hacía que todo fuera más cómodo. Sentía la emoción de atravesar la edad de la exploración, que estaba pasando por eso. Reflejaba perfectamente mi estilo de vida en aquel entonces. Era exactamente lo que estaba sucediéndome. No había nada que yo no quisiera probar, explorar y ver si realmente era parte de mi psique o de mi naturaleza. Yo era terriblemente curioso en todos los sentidos, no solo culturalmente, también sexualmente. Y Dios, no existía nada que yo despreciara. Así que, aunque es una frase hecha, supongo, como un perro con un hueso, ¡terminé enterrándolo!

Pero parecía Ziggy bajo la influencia de muchas cosas, ¿verdad? Y un rayo en forma de flecha cruzándole la cara. ¿Ya estaba todo saliéndose de control? Bowie dice que no.

No, en realidad no. Eso sucedió después. Yo sabía simplemente que aquello había terminado. De algún modo pensé: “¿Cómo vas a sostener esto?”. Además  me encontraba increíblemente vacío. El programa de giras en el que MainMan nos había metido era demencial. Sabes, lo extraordinario es que nunca tocamos en Europa. Solo abandonamos Inglaterra para ir a Estados Unidos y fuimos a Japón, pero eso fue todo. Y empezaba a echar de menos Europa.

Fue entonces cuando comencé a entrar en un periodo muy malo. De verdad, desembocó en eso. Mi adicción a las drogas comenzó a ser seria, supongo, hacia los últimos meses del periodo de Ziggy Stardust. No de una manera particularmente grave, pero lo suficiente para haber preocupado a algunas personas que estaban cerca de mí. Y luego, cuando nos metimos en ‘Diamond Dogs’, se me fue de las manos. Desde entonces en adelante fui una auténtica víctima. No he conocido a mucha gente que… Yo estaba en un estado muy grave. Basta con que mires algunas fotografías mías, no puedo creer que haya sobrevivido. Puedes verme en los Grammy, por ejemplo, con Lennon, me da escalofríos. Soy una calavera. No hay una onza de mí. Soy apenas un esqueleto. 



Tengo una personalidad adictiva. Ahora lo tengo bastante claro. Y las drogas eran tan fácilmente accesibles y me mantenían en marcha, porque no las usaba para… No era en realidad un uso recreativo , yo no era un tipo de salir por la ciudad. Más bien se trataba de “vale, escribamos diez proyectos esta semana y hagamos cuatro o cinco esculturas”. Y me quedaba despierto las veinticuatro horas del día hasta que la mayor parte de mis proyectos estuviera completa. Simplemente me gustaba crear. Me encantaba estar inmerso en un momento creativo. Y había encontrado un amigo del alma en la droga, que me ayudó a llevar a cabo aquel momento creativo. 

¿Te refieres a la cocaína?

Sí, a la cocaína. Bueno, a las anfetaminas también, en realidad. A la combinación. ¡Y parece que también había por allí muchos tranquilizantes para elefantes!

Siempre asomaba de su bolsillo la pequeña cajetilla de Gitanes. 

Exacto. La función de los cigarrillos era escénica. ¡Pero me volví adicto a ellos! Fumo cuarenta por día. 

Fue ese año, 1976, cuando Bowie se desvinculó de la vida de Los Ángeles que casi le había arruinado la salud y la estabilidad mental. Finalmente salió de gira por Europa y, con el tiempo, se instaló en Berlín. La misma atmósfera germánica que teñía algunas de sus más excéntricas entrevistas se oía, de manera constructiva, en su nueva música. 

Tengo que darle a Kraftwerk el crédito que se merece. Tenía un disco importado de ‘Autobahn’ en Estados Unidos, probablemente del año mismo en que salió, 1974. Simplemente, me quedé enganchado a esa banda: “¿Quiénes son?, ¿Con quién están conectados?”.

Y así llegué a encontrarme con Tangerine Dream, Can y luego Neu!, y todo ese nuevo sonido que se hacía en Alemania. Pensé… guau, vi el futuro y sonaba así. Tenía muchas ganas de meterme en ello. Es interesante que cuando he vuelto a escuchar lo que Tony Visconti y yo hicimos en esos álbumes, Low y los demás, no hay tanta influencia del sonido alemán, en realidad, como se hubiera esperado.

Es aún un sonido muy orgánico, muy llevado por el blues. Estaba envuelto en atmósferas extraordinarias, en parte a causa de Eno, en gran medida por culpa de Tony mismo y por mi decisión de emplear sintetizadores viejos, bastante excéntricos, de algún modo vinculados a los Beatles. Pero la base rítmica en concreto no es la del sonido electrónico de metrónomos que estaban empleado los alemanes: eran Dennis Davis, George Murray y Carlos Alomar -parte del reparto de ‘Young Americans, de hecho-. Era otro híbrido que pensaba que podría ser fabuloso. Tomar lo que había encontrado en Estados Unidos, llevarlo a Europa y combinarlo con lo que estaba sucediendo sonoramente en Alemania, y ver simplemente qué sucedía. 

martes, 14 de abril de 2020

New Musical Express - John Robinson, 2 de diciembre de 2000


New Musical Express - John Robinson, 2 de diciembre de 2000

David Bowie hizo de todo. Experimentó con drogas y con el teatro japonés (aunque no al mismo tiempo), con Nietzsche y con el funk rock (casi al mismo tiempo). Fue estudiante de mímica. Escribió una canción sobre gnomo de jardín que nadie parece olvidar. Estuvo en la cima, luego desechó el éxito para formar una banda con unos hombres vestidos de traje gris. Fue la cara publicitaria de los helados Luv y apareció en una película de ciencia ficción sin el consentimiento de unos genitales convencionales. Tuvo un “periodo alemán”, del que hablaremos, y se abrió a las posibilidades que ofrece internet, de lo que no hablaremos. 

Siempre he citado cuáles eran mis influencias - dice Bowie- . Sentía que era importante que la gente viera qué elementos se reúnen en una etapa dada. Yo dejo que las personas sepan lo que está pasando por mi cabeza. A menudo me divierte ver bandas que mienten sobre lo que están escuchando, porque no quieren que se sepa quiénes son sus influencias reales. Dejan un rastro de pistas falsas. Es, cuando menos, poco sincero. Siempre me encantó el proceso de trabajo, ver cómo ser forman las cosas. 

Un tipo fácil de llevar, Andy Warhol, ¿verdad?

Nah, absolutamente imposible. Me daba la impresión de que no había nada dando vueltas ahí dentro. Nunca pude averiguar si era una reina muy afortunada a la que le gustaban los colores brillantes y que tuvo un golpe de suerte, o si había un filósofo en él. Nunca pude saberlo. Creo que era mitad y mitad, la verdad. Luego me encontré con aquel grupo, que trabajó para mí en los setenta. El elenco de Pork -una obra de teatro de Warhol—. Fue un periodo extraño. 

Iggy es mucho más abierto a diferentes maneras de trabajar. Escribí mucha música para Iggy. Le proporcionaba secuencias de acordes y, en algunos casos, de una melodía en concreto. Le decía: “Jim, esta canción me da la impresión de que trata sobre el Lejano Oriente…”, o sobre un conjunto de circunstancias en particular, o lo que fuera. O quizá le daba una idea y él iba deprisa a un rincón y en cinco o diez minutos tenía una letra que reflejaba de algún modo algo que habíamos hablado. Era mucho más colaborativo. Por lo que yo recuerdo, no escribí nada para Lou. Fue una cuestión de “este es el material de Lou, popularicémoslo”. Con Iggy fue más: “¿Qué quieres hacer, hijo?”. En los primeros discos, intenté hacerle cantar en lugar de simplemente seguir con los Stooges, y creo que eso le ayudó a encontrar su voz. 

Impulsar esta cantidad de trabajo empezaba sin embargo a pasarle factura a Bowie. Recurriendo frecuentemente al tradicional y sustancioso “desayuno de músico”, Bowie podría estar creando una música extraordinaria, pero esencialmente estaba llevándose a sí mismo al borde del abismo. En términos de influencias “no musicales”, las drogas tenían un papel significativo. 

La verdad es que no las usaba con fines hedonistas. No salía demasiado en realidad. No es que estuviera todo el tiempo fuera, yendo a clubs y todo eso; nunca lo hice. Simplemente trabajaba. Trabajaba días seguidos sin dormir. No era un estado eufórico, alegre. Me estaba llevando a mí mismo a un punto de locura. Probablemente, comenzó sobre todo en la época de ‘Diamond Dogs’, y de entonces en adelante fue, como habría dicho Trent Reznor, “una espiral decadente…”. 

LOS ÁLBUMES MÁS INFLUYENTES DE BOWIE

Hunky Dory (1971)

La influencia de Nueva York en todo su alcance, ejemplificada  en la canción “Andy Warhol” al igual que en “Queen Bitch”, un tema que tenía una nota al pie en el texto que acompañaba al disco: “White Light volvió para dar las gracias”. Suena como un Velvet Underground glamuroso.

No creo que Andy Warhol me haya influido tanto como a la gente le gusta imaginar. ¿Qué me gustaba de él? Algunas de sus citas. Que todo podría ser reproducido. Esa idea era genial. Él, como personaje, no era alguien que yo quisiera que formara parte de lo que hacía. Fue por medio de Lou y de la Velvet por quienes tuve un interés fugaz en Warhol. 

The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders from Mars (1972)

El personaje de Bowie como estrella del rock trágica. Mick Ronson aporta los riffs, mientras la banda llevaba maquillaje y botas de policía montada de un pie de altura. La bowiemanía entra en erupción.

Esa fue la primera polinización cruzada que hice que realmente tuvo éxito. Tomé lo que me parecía emocionante de la cultura occidental, lo degeneré y lo hice muy colorido. Lo que estaba sucediendo en Japón, en las artes gráficas o en la moda. Un cierto tipo de mirada. Muchos de los cambios de vestuario estaban basados en el teatro ‘kabuki’, y pensaba que era un híbrido interesante de lo oriental con lo occidental. Aunque no creo que mucha gente hiciera esa asociación. 

Station to Station (1976)

La foto de cubierta es de la película El hombre que vino de las estrellas. Por dentro no es menos demencial: maniobras kraftwerkianas en el tema que da título al álbum, el rarísimo funk de “Golden Years” y “Wild Is the Wind”, de Dimitri Tiomkin, la mejor versión que Bowie haya hecho nunca. 

Mientras vivía en California, en la época de ‘Station to Station’, estaba experimentando con el nuevo sonido europeo, y esa es la razón de la respuesta tan sentida a lo europeo en ese álbum, porque tenía punzadas de nostalgia y estaba entusiasmado con lo que estaba sucediendo allí. Y volví a estar en contacto con Brian Eno. Esas dos cosas… pensé: “Este camino que he tomado va a ser maravilloso”. 


Low (1977)

La portada es un juego: un plano de Bowie de perfil sugiriendo la naturaleza de “bajo perfil” del disco. Instrumental a medias. Excelente interpretación de la canción proto-Weller, “Be My Wife”.

Fue hecho en Francia, pero bajo la influencia de las bandas de Düsseldorf, Harmonia, Kluster, Neu!, Kraftwerk. Es el Liverpool o el Seattle de Alemania. “Be My Wife” le debe mucho a Syd Barret en realidad. No a los Floyd en sí, como comprenderás. Él fue tan importante como Bolan. Boley y yo solíamos verlo como el hombre de finales de los sesenta. El hecho de que o cantara con acento norteamericano fue muy importante. Digamos que era genial porque podía hacer rock and roll en inglés británico. 

Heroes (1977)

Otra vez, a medias instrumental. El tema que da título al álbum, podría decirse, es la canción más longeva de Bowie.

Ese tempo y ese ritmo tan lento y pesado, ambas cosas provienen de “Waiting for the Man”, y la secuencia de acordes es… lo que es. En buena medida, yo me había recuperado de mi bajón emocional, y sentía que volvía a ser quien debería haber sido siempre. Sentí que había una sustancia que moldeaba mis sentimientos, y supongo que también había una cierta sanción, espiritual y emocional, en ello. En ese nivel, trata tanto sobre mí como sobre los protagonistas de la canción. “Podemos salir de esto. Estaré bien, en lo que a mí respecta”. 



jueves, 9 de abril de 2020

Bowie: El hombre con más estilo del año. GQ - Dylan Jones - Octubre de 2000


Bowie: El hombre con más estilo del año. GQ - Dylan Jones - Octubre de 2000


Con su complexión escuálida, sus ojos desiguales y (durante mucho tiempo) sus dientes torcidos, David Bowie siempre fue lo contrario de un símbolo sexual. Sin embargo, no puede negarse que es guapo. 

Es evidente que Bowie disfruta de ser una “cosita linda”. Se lo vio como un dandi desde que apareció en televisión siendo un chico moderno de diecisiete años que hablaba de los derechos de los varones de pelo largo. Su inclinación a emplear su nada desgarbado cuerpo como un lienzo le concedió la remanida, aunque certera, descripción de “camaleón del estilo”. Incluso en los días de su nadir ártico (Let’s Dance, Tin Machine), su apariencia aun valía un millón de dólares. 

No nos impactaría demasiado, en consecuencia, que en el año 2000, incluso con Bowie cumpliendo cincuenta años, los lectores de la versión británica de GQ votaran or él como “el hombre con más estilo del año”. En agradecimiento, él fue el centro de atención de la revista. Curiosamente, hay pocas menciones a la moda en esta entrevista, pero hay en cambio un interesante repaso de su carrera y sus objetivos.

Ninguno, ni la nueva versión de Pin Ups, ni la “extravagancia” de reversionear Ziggy Stardust, mencionadas aquí, llegaron a ver la luz




Bowie está de regreso y en un gran momento. No porque esté produciendo sus mejores discos en años, no porque se las haya arreglado para incumplir con las convenciones y defina Zeitgeist como solía hacerlo en los viejos tiempos, no por una cuestión de onda o por tonterías de internet. No, Bowie está de regreso porque se ha convertido en un centro de atención inmensamente importante. En estos días, los conciertos de Bowie son ni más ni menos que acontecimientos. Su aparición en el escenario piramidal de Glastonbury este año fue un retorno monumental de la mejor manera posible, solo comparable al regreso televisivo de Elvis en 1968. Interpretó una lista de grandes éxitos minuciosamente calibrada, que incluía “Under Pressure”, “Golden Years”, “The Man Who Sold the World”, “All the Young Dudes” y “Rebel Rebel”; Bowie tocó por primera vez en Glastonbury con el aire de una estrella en la flor de la vida. 

Estaba bastante abrumado al ver tanta gente cantando las canciones. Y era un público muy joven, más joven que la mayoría de mis seguidores. Algunos de mis álbumes recientes han sido bien recibidos por la generación de los noventa, pero no conocían mi material anterior. Imagino que debe de ser una sorpresa escucharlo todo a la vez y pensar: “¿Pero él escribió eso?”. Lo sé porque, especialmente en Estados Unidos, cuando toco “The Man Who Sold the World”, una gran cantidad de chicos viene luego a decirme: “Qué bueno que estés haciendo una canción de Nirvana”. Y yo pienso: “¡Que te den por culo, imbécil!”.

Quedan algunos conciertos de Bowie por delante y él quiere que sean memorables. Si con el paso de los años, los Rolling Stones empezaron a formar parte de la colección musical del mundo entero, eso parecería un ejercicio superficial para una banda y para un público que son similares. Pero con Bowie tienes la sensación de estar viendo a un nuevo Sinatra. 

Si bien Sinatra no hizo un solo disco clásico en los últimos veinte años de su vida, sus conciertos eran como convenciones religiosas, cargados de recuerdos. Elvis Presley estuvo allí a su manera para recoger el guante de Sinatra, pero cometió el error no solo de incursionar en el cabaret, sino además de terminar muerto. Bowie no hizo ninguna de las dos cosas y podemos apostar con seguridad a que sus discos serán mejores que los de Sinatra o los de Presley en sus últimos días. 

Desde luego, Bowie no tiene la jactancia del muchacho de bar de Sinatra. Es un alcohólico reformado, así que no se acompañará en escena de un vaso de Bourbon, aunque su consumo de cigarrillos le haya hecho ganar el apodo de “Ciggie Stardust”. El tabaco ciertamente ayudó a sus cuerdas vocales. Su voz mejora todo el tiempo, y se puso tan profunda y melosa que Bowie está convirtiéndose en algo así como un crooner en estado avanzado. Ocultó de muchas maneras su técnica vocal a lo largo de los años y ahora esta técnica, el rico tono de barítono que usa en “Wild Is the Wind”, “Heroes” y “Absolute Beginners”, compuesto por esa cadencia mockney, que insiste en intercambiar las vocales (day por die, etc.), se volvió marca registrada. 

Creo que tengo más control sobre mi voz ahora -dice-. Durante años he sentido que tenía la suerte de poder llevar adelante una canción, y fue un instrumento útil para hacer esos discos, pero nunca pensé en mí mismo como cantante. En realidad, estoy pensando en lo que me gustaría hacer como cantante. No llegué a ninguna conclusión aún. Creo que el álbum que voy a grabar a finales de año será un vehículo para mi voz. 

Es todavía un modelo influyente para la moda también; por eso, los lectores de GQ lo votaron como el hombre con más estilo del año.

La pregunta que me he hecho con frecuencia es: ¿me habrían concedido este premio si no hiciera la entrevista y la sesión de fotos? -dice socarronamente- . No soy en absoluto una persona de premios. La mayoría de premios en la música se basan en “si apareces, te lo daremos”. Y yo digo: “Ok, entonces no lo quiero. Si quieres que lo reciba, dámelo, y acaso te sorprenda y aparezca. Si no, ¡a tomar por culo! Pero si tus lectores me eligieron… entonces me siento privilegiado, es maravilloso.

Este año, el acontecimiento más significativo de su vida fue la llegada de su hija. Tan embelesado y entusiasmado está, que tiene la intención de mudarse a Gran Bretaña con toda la familia. “De ninguna manera voy a llevar a mi hija a Estados Unidos. En absoluto. Volveremos a Londres, sin duda. Eso es, querida, ¡más vale que volamos al hogar inglés!”.

El resto del año será frenético. Primero, va a grabar su propia versión de Pin Ups, recuperando alrededor de una docena de canciones muy oscuras, muy viejas y, en algunos casos, realmente pasadas de moda, para volver a grabarlas. Los puntos álgidos incluyen una nueva versión del primer single que lanzó como David Bowie -Can’t Help Thinking about Me”, de 1965 - al igual que “I Did Everything” y “The London Boys”, del mismo periodo. “Muchas son muy cursis -comenta-. Le dije a Goldie que debíamos hacer una versión en clave dura and bass de “The Laughing Gnome”, pero él no parecía tener ganas.” Después, vendrá Bowie at the Beeb, un CD doble con material grabado en la BBC entre 1967 y 1972. El álbum estará acompañado por un DVD con su actuación en el estudio Portland Place de la BBC este verano. 

Luego será nuevamente hora de Ziggy y el muy rumoreado retorno de Bowie a los días de gloria de los Spider from Mars. Cuando prohibió a los productores de Velvet Goldmine usar cualquier canción del periodo de Ziggy, les dijo que estaba preparando  su propia extravagancia sobre el glam rock, y es esta. No se vestirá, sin embargo, con trajes ajustados o botas de plataforma. “No será así, dejémoslo claro. ¡Ya no, amigo! ¡No podría ni siquiera ser el padre de Ziggy!”.

Bowie tampoco está escribiendo canciones nuevas para el proyecto de Ziggy. “Saqué un buen puñado de material sobrante que no usamos en aquel momento. Algunas cosas solo duran treinta segundos, pero voy a extenderlas. Pensé: “Vale, ¿esto es basura y por esa razón nunca salió en aquel momento, o estaría bien que hiciese algo con ello?”. De modo que recuperé esos seis temas, los disgregué y los convertí en canciones que apoyen el original. Una de ellas se llama “Black Hole Kids” y es fascinante.”

Encontró este material languideciendo dentro de una de las muchas cajas de archivo que guarda en su casa de Suiza. Tiene más de ochocientos casetes con grabaciones, incluidas cientos de conversaciones con gente increíblemente famosa y cientos de grabaciones de conciertos  (“encontré prácticamente todas las grabaciones de la mesa de sonido de las giras de 1974, 1976 y 1978, ¡todas y cada una de ellas!), improvisaciones con superestrellas, como los Stooges y los Stones, y alguna que otra cosa que no quisiera comentar (incluyendo una visita a Iggy Pop en el hospital de Los Ángeles).La mayoría fue registrado durante el infame periodo “waholiano” de Bowie, cuando grababa y registraba con una vieja sesión de sexo. En una de las grabaciones más curiosas participa Ronnie Wood, de los Rolling Stones, que visita a Bowie en Los Ángeles. El dúo está sentado en una sala de estar, tocando “Golden Years” distraídamente, mientras, de tanto en tanto, Ronnie se detiene para aspirar enormes rayas… “Es hilarante -dice Bowie-. Muy rock and roll.”

Ciggie Stardust es reservado respecto a estos días en los que su única adicción son sus adorados marlboros. Cuanto más envejece, más digno se pone, incluso negándose a aceptarlo. “Mi carrera se benefició mucho más de los errores que de los aciertos. ¡Siempre aprendo algo de las cagadas! Yo mismo las veo como resbalones. Me dejo llevar por oleadas de entusiasmo. Toda mi vida fue así. Si se me presenta algo que me fascina, en tres horas me vuelvo un experto a nivel mundial.”

¿Cómo se siente con su etiqueta de “nuevo Sinatra”? ¿Puede llevarla colgada con facilidad?

Oh, ¡a él no le habría gustado nada! La hija de Sinatra, Nancy, una vez me sugirió estúpidamente que hiciera de Frank en una película. Dios, él lo habría odiado. “¡No quiero que un maricón haga de mí!” Le asustaba absolutamente que yo fuera tomado en serio. Odiaba el pelo largo, ¡odiaba todo lo inglés! Me identifico con Sinatra en que salgo de gira cada vez menos. Ya no voy de gira solo por el placer de hacerlo. Si me ves en directo ahora es porque quiero estar ahí. No necesito hacerlo por dinero. Y sé que la gente se siente así cuando viene a verme. Acaso no les guste el material, pero dirán: “Mierda… Sigue moviéndose, ¿verdad?” Es que yo soy así. Me encanta.

Las giras tienen una carga muy significativa, tanto para el público como para mí. Hace diez años decía que no quería cantar mis grandes éxitos nuevamente, pero ahora tengo cincuenta y tres, y he cambiado. Nunca fui la clase de persona que quiere ser guiada en todo lo que hace, ya se trate de una relación o de una actuación en el escenario. Y si no hay un entusiasmo real, tiendo a apartarme. Me alejé de mis viejas canciones durante años porque había estado tocándolas tanto tiempo que no encontraba que tuvieran sentido para mí. Pero he cambiado. Fui a ver a Wire la otra semana y ¡no cantaron una sola canción suya que me gustase! ¡Ni una! ¡Si hubiera pagado, me habría enfadado mucho!

Comencé a incluir viejas canciones en un concierto de 1997, cuando estábamos haciendo el circuito de festivales. Con los festivales tienes que asumir que no todos los que están ahí han ido a verte. Estás obligado a pensar: “Mierda, ¡más vale que les dé algo que conozcan!”. Entonces tocaba algunas canciones de ‘Scary Monster’, ‘Low’ y ‘Heroes’  e incluía temas como ‘Fame’ y ‘Under Pressure’, que es una canción irresistible en un festival por la asociación que tiene con Freddie Mercury. A sabiendas de que este año iba a estar en Glastonbury, pensé: “Simplemente iré. No tengo nada que vender, ningún álbum nuevo. Les daré lo que quieren.” Aunque haya cosa como ‘Young Americans’ y ‘Space Oddity’ que no voy a hacer. Cuando sienta que he abandonado esas canciones lo suficiente, quizá vuelva a cantarlas.