martes, 6 de diciembre de 2016
Rolling Stone Diciembre 2006
David Bowie: "Básicamente no me ha gustado mucha de la música que he estado haciendo en los últimos años. Olvidé que no era músico y que nunca lo fui. Siempre quise ser director de cine, así que, inconscientemente, intenté unir ambas cosas introduciendo aspectos cinematográficos en mi música. Pero no funcionó."
"Cuando dije que no me gustaba la música que he hecho en este tiempo quise decir: "¿Funcionó?"
Sí, funcionó porque mantuvo la máquina girando. Ahora ya he terminado con el rock. Se acabó. Fue divertido pero no lo voy a volver a hacer."
"Quien sabe, a lo mejor yo también estoy loco. Está en la sangre de mi familia. Lo que si puedo decir es que siempre he tenido una asquerosa necesidad de ser algo más que un humano. Me di cuenta de
que la mente no es un mecanismo tan inteligente."
"Nunca me gustó el hippismo. Me gusta la meditación, pero al estilo de la generación beat. Nunca tomo ácido. Lo he probado, igual que la hierba, pero ya está. Las drogas han formado parte de mi vida en los últimos 20 años, pero no soporto la debilidad. Siempre que veía a alguien con collares de la paz me daban ganas de pegarle una hostia."
David Bowie 1976.
David Bowie: "Soy decente al bajo, pero por alguna razón soy
una verdadera mierda tocando la guitarra solista."
"No soporto el country"
Extracto de la entrevista publicada en Rolling Stone de EEUU el 23 de abril de 1987:
P: ¿Desde pequeño ya te interesaba la moda, la ropa…?
David Bowie: Sí, me gustaba cómo combinaban las cosas, pero nunca fui demasiado sofisticado. Eso me salvó. Me gustaban las cosas elegantes, pero siempre me gustaba más el aspecto dejado, como de barra de bar.
P: ¿estabas al tanto de los (“teds”/teddyboys”, primera tribu urbana que surgió en Londres en los 50: les gustaba el rock and roll americano y vestían con gafas de sol, americanas y pantalones ajustados) cuando aparecieron?
DB: Sí. Había un ted un par de portales más allá de donde vivía cuando era pequeño. Creo que se llamaba Eric. Tenía un impresionante pelo naranja rizado y un par de cuchillas en el cuello de su camisa, supongo que para que no le molestaran otros teds. Eso me parecía alucinante. Estaba un poco chiflado: podía quedarse en una esquina durante horas jugando con una cadena, como un autómata.
P: ¿Estuviste tentado por ser uno de ellos?
DB: Sí. Muchos de los chicos de mi edad se hicieron teds, pero no me gustaba mucho su ropa. Me gustaba el rollo italiano, las chaquetas de caja y la tela de angora. Podía encontrar algo en tiendas de barrios como Bromley, pero no de calidad. Tenía que ir a Sepherd’s Bush o al East end. Una vez dejé el colegio y pude ahorrar algo de dinero trabajando. Así que fui a un sastre. Resultó ser el mismo de Marc Bolan. El resto del dinero lo gastaba en equipos: saxos y cosas así.
P: Cuando tocabas en los Kon-rads llevabas un corte de pelo bastante moderno…
DB: Sí, sí, me encantaba todo el tema del pelo.
P: ¿Quién fue el rockero que más te llamó la atención de pequeño?
DB: Little Richard. Le vi en el Brixton Odeon. Debía ser 1963, porque los Rolling Stones eran los teloneros. Espera, que te digo el cartel de aquella noche: los Stones abriendo, luego Bo Diddley y, si no recuerdo mal, Duane Eddy. Y cerrando Sam Cooke. Eso fue la primera mitad. Luego, en la segunda mitad, Little Richard. Este tipo era irreal. Nunca se había visto algo igual. Él y su grupo llevaban unos trajes perfectos, con los pantalones grandes y demás, pero perfectos, de angora, claro. El concierto fue algo del otro mundo. Y los Stones estuvieron muy bien. Mick había hecho grandes avances en directo. Recuerdo que alguien le dijo desde el público: “¡Córtate el pelo!”. Y él respondió: “¿para qué? ¿Para parecerme a ti?”. Fue muy gracioso. Fuimos los Kon-rads al completo y nos partíamos de la risa en nuestros asientos.
P: ¿Qué tipo de música hacían los Kon-rads?
DB: Muchas versiones. Y luego… la banda se separó, por mi culpa. Sí, amigos, yo deshice a los Kon-rads. Ya lo he dicho.
P: ¿Y qué pasó con los Manish Boys, aquel grupo de siete miembros en el militaste hasta principios del 65?
DB: Aquello era solo para sobrevivir. No me gustaba nada esa banda. Era Rhythm&Blues, pero no era bueno. Ninguno hacíamos nada de dinero y yo tenía que vivir en Maidstone, que era de donde eran los Manish. No sé si conoces el lugar, pero la cárcel de Maidstone es de las más grandes de Inglaterra. Siempre había algún delincuente pululando por ahí: una cárcel y solo algunas casas alrededor. Esa fue la única vez en mi vida que me pegaron.
P: ¿Quién te pegó?
DB: Un ex convicto, supongo. Iba andando por la calle y me encontré en el suelo con un fuerte golpe. Siguieron golpeándome mientras estaba tirado en la acera. Todavía hoy no sé por qué lo hicieron. No tengo buenos recuerdos de Maidstone. De todas formas, los Manish no tuvieron una carrera larga. Sin embargo, logré imitar el corte de pelo de Keith Relf. Siempre pensé que él molaba mucho. Me gustaba el sonido de los Who y el aspecto de Keith. Pensaba: “Si puedo ser como él, que se prepare el mundo” (Risas).
P: ¿Tienes mejores recuerdos de Lower Third, tu siguiente banda?
DB: Estábamos muy inspirados por los Who. Pero escribíamos nuestras propias canciones. Estaba muy centrado en escribir por aquel entonces. Estaba convencido de que podía escribir cosas tan buenas como cualquiera.
P: Y ahora puedes decir que tenías razón.
DB: Sí. Le di mi primer single (Space Oddity) a Pete Townshend en el camerino después de un concierto de los Who. Sería 1969. Le dije. “Escucha esto y ya me dirás qué te parece”. Y muchos años después, me dijo: “Por cierto, hijo, me acuerdo de cuando me diste aquel single. Quiero que sepas que sí me gustó”. Puto mentiroso. (Risas)
P: ¿Llegaste a ser mod?
DB: No llevaba su estilo de vida pero lo era superficialmente. No me gustaba montar en scooters. Tampoco era un tipo que fuera a muchos clubs. Nunca he salido mucho.
P: ¿En serio?
DB: No. Solo salía una vez por semana o así. Algo que, por aquella época, no era mucho. Quiero decir: aquellos chicos solían salir cada noche hasta las siete de la mañana. A mí me gustaba ir a museos y al teatro, cosas de esas. No conocía tantos garitos.
P: Y llegó la moda hippie…
DB: Sí, todo el mundo se convirtió a la psicodelia. De todas formas, no recuerdo a mi gente influida por el rollo de paz y amor. Les afectaron más las setas alucinógenas, los colores, la música y la ropa psicodélica. Pero lo de “paz y amor” era más americano. Lo mejor que salió de esa época fueron las primeras grabaciones de Jeff Beck.
P: ¿Cómo fueron los primeros conciertos de Ziggy Stardust?
DB: Fueron duros, porque costó que la banda se metiera en el papel. El mayor problema era que no pensábamos igual. No nos entendíamos. Pero, luego, cuando se dieron cuenta de que podían ligar con las pintas que llevábamos se convencieron. Era gracioso: verlos con esos trajes y pensar: “Hace solo dos semanas vestíais pantalones vaqueros” (Risas).
P: ¿De dónde sacabas la ropa que llevabas en la época de Ziggy Stardust, la diseñabas tu?
DB: No. Lo hacía un diseñador llamado Kansai Yamamoto. Ahora, por supuesto, es un diseñador de prestigio, pero por aquella época era bastante experimental. Solía decir: “Hay una banda rarísima que va vestida con mis diseños”.
P: ¿Fue Aladdin Sane creado para continuar el trabajo de Ziggy?
DB: Fue creado para ser una mezcla: para salirme de Ziggy, pero sin saber a dónde estaba yendo. Era un poco ambiguo porque la ambigüedad estaba en el ambiente.
P: ¿Diseñaste tú el maquillaje de Aladdin?
DB: Yo fui el que tuvo la idea del diseño del rayo en la cara.
P: A pesar de que has girado mucho –y de las críticas tan positivas de tus conciertos-, la primera parte de tu carrera la saldaste con deudas. ¿Cómo pudo ser?
DB: Fue culpa de mis managers. La mayoría querían ser estrellas, así que muchos gastaban el dinero que entraba: si no lo hacían en drogas lo hacían para pagar otras producciones deficitarias. Quiero decir: que había muchas drogas. Algo, de verdad, increíble. Pensé que era culpa mía, pero lo cierto es que había muchas drogas. Y eso fue lo que pasó con el dinero.
P: ¿Qué haces viviendo ahora en Suiza?
DB: Trabajo. Y sino estoy trabajando, esquío. Esa es mi otra preocupación. Siempre haré lo que siempre he hecho: cosas interesantes.
P: ¿Has leído alguno de los dos libros que se acaban de publicar sobre tu persona: “Bowie” y “Stardust”?
DB: ¿Los dos libros sobre mí? ¿Quieres saber cuántos se han publicado sobre mí? Al menos 37. Dejé de leer cosas sobre mí al cuarto o quinto libro. Los escriben gente que necesita dinero.
P: ¿El rock ha muerto?
DB: En términos conceptuales sigue siendo tan importante como siempre. Pero socialmente está cambiando. Cambia su vocabulario continuamente, lo que le convierte en la forma de arte más excitante. Socialmente tiene su hueco. Es algo vivo y por eso está en constante transformación. Eso lo hace más interesante que, digamos, la pintura o cualquiera de las artes plásticas, que son más minoritarias. Y eso que hay más dinero ahora para la pintura que el que ha habido nunca para el rock. Creo que ahora vivimos otra redefinición del rock. Se deja de prestar tanta atención a los vídeos –lo cual me parece bien- y se vuelve a centrar la atención en el directo, en la interacción con el público. Vuelve a ser algo físico y peligroso, aunque a veces pienso que los artistas y el público buscamos cosas distintas.
MAN, Noviembre 1995
David Bowie: "No me parece reprobable que alguien proyecte
en ti sus deseos más oscuros. Para eso han servido las estrellas
del cine. Si no existe un acoso, me parece válido. ¿Que alguien
se masturba imaginando a su estrella favorita? Bien, seguro que
ese acto le quita tensiones y frustraciones."
"De saber que a Kurt Cobain le gustaba mi música, hubiera hecho
algún intento de comunicarme de persona a persona."
"Es rejuvenecedor tocar con músicos que podrían
ser tus hijos."
"Procuro no frustrarme por lo que está fuera de mi control."
"Estoy muy orgulloso de la música que grabé para
"El Buda de los Suburbios"... por lo menos ese trabajo
me puso en disposición de volver a trabajar
con Brian Eno."
"Debo confesar que hubo una época, a mediados de los ochenta,
en la que entré en una rutina y lancé discos que ahora no me
producen ningún placer."
"Brian Eno toma elementos de la cultura de masas y aplica
tratamientos de alta cultura, de la vanguardia. Yo soy lo contrario:
popularizo lo que inicialmente eran conceptos poco
conocidos, propios de élites. El roba abajo, yo robo arriba.
¡Que no se entere nadie!"
"Desde 1988 me he sentido más libre que nunca. Dejé de ser
el David Bowie que se definía por su reflejo en los medios. Ahora,
soy David Bowie, una persona que no quiere reprimirse
ni se deja intimidar por los prejuicios ajenos."
Revista MAN, noviembre 1995
Pregunta: ¿Te molestaba verte considerado como un símbolo sexual?
David Bowie: Ciertamente no (risas). Tampoco me parece reprobable en sí que alguien proyecte en ti sus deseos más oscuros. Para eso han servido las estrellas del cine, desde Clara Bow a Sharon Stone. Si no existe un acoso, me parece válido. ¿Que alguien se masturba imaginando a su estrella favorita? Bien, seguro que ese acto le quita tensiones y frustraciones.
P.: ¿Tienes alguna interpretación respecto a qué provocó que Kurt Cobain se suicidara?
DB: Sería frívolo por mi parte pretender conocer sus mecanismos mentales. Yo, como cualquiera que observara con un poco de detenimiento, veía en él un asco ante el mundo, una insatisfacción ante el papel de estrella del rock. Pero imaginaba, disculpa mi ingenuidad, que eso era una fase por la que Kurt estaba pasando. De saber que le gustaba mi música, hubiera hecho algún intento de comunicarme de persona a persona.
P: Kurt Cobain grabó tu tema “The man who sold the world” en el ultimo disco de Nirvana…
DB: Sí, me hizo sentir bien. De hecho, estaba tan acostumbrado a que me vapulearan los semanarios y los nuevos grupos británicos que me pareció que allí había un error (carcajada). No, ahora mantengo una relación cordial con gente de Suede y Blur. Pero es más reconfortante el respeto de los músicos estadounidenses. Dentro de poco, me voy de gira con Trent Reznor y sus Nine Inch Nails. Y me llegan algunas frases positivas de The Smashing Punpkins. Es rejuvenecedor tocar con músicos que podrían ser tus hijos.
P: Por tu parte, ¿te has sentido impresionado al tener que interpretar ante las cámaras a un ídolo tuyo? Me refiero a tu papel de Andy Warhol en la película de Julian Schnabel sobre Basquiat.
DB: Fue… extraño. Nos dejaron objetos personales, que están depositados en su museo de Pittsburgh. Su ropa, su peluca, sus gafas. Y su bolso de mano, que no contenía más que algunos trozos de papel, una agenda telefónica, muchas píldoras de hierbas. Me produjo una tristeza… de todas formas, estuve diez días rodando y no hubo tiempo para la melancolía: conocía a Dennis Hopper, a Chris Walken, a Gary Oldman, a Willen Dafoe, así que nos lo pasamos muy bien. Estoy en un momento en que no soportaría rodar una película como protagonista. El único que realmente tiene una función creativa es el director. Eso sí que sería excitante… pero los productores no creen en David Bowie cineasta.
P: ¿Alguna otra frustración?
DB: Procuro no frustrarme por lo que está fuera de mi control. Por ejemplo, estoy muy orgulloso de la música que grabé para “El Buda de los suburbios”, la serie de televisión basada en la novela. Ese tipo de discos no se toman muy en serio, pero allí aparece música extremadamente valiosa. Por lo menos, ese trabajo me puso en disposición de volver a trabajar con Brian (Eno).
P: Eno es un hombre muy ocupado, con sus producciones para U2 y demás, ¿Cómo fue el retomar contacto?
DB: Le invité a mi boda, en 1992. En la iglesia, sonó música que yo había compuesto. Me dijo que le agradaba y le hice escuchar más: estábamos ya en la fiesta y la gente bailaba, pero convencí al disc jockey para que pinchara otros temas que yo tenía en la cinta. La gente dejó de bailar, pero Brian y yo comprobamos que había una posibilidad de entendimiento.
P: ¿En qué se concretaba ese entendimiento?
DB: No queríamos repetir “Low” o “Heroes”. Lo fácil hubiera sido actualizar aquello, porque allí había intuiciones que luego se han demostrado acertadas. Pero, sinceramente, ni Brian ni yo trabajamos por la fama. Debo confesar que hubo una época, a mediados de los ochenta, en la que entré en la rutina y lancé discos que ahora no me producen ningún placer. Por coincidencia, también Brian se sintió decepcionado por la música en esa época, y es cuando empezó a trabajar con las instalaciones y demás. A partir de 1988, ambos sentimos que el viento soplaba en nuestra dirección y volvimos a la música creativa.
P: ¿Quién está haciendo música creativa en estos tiempos?
DB: Eso exigiría un libro, y no soy un musicólogo. Puedo decirte que no paro de escuchar los últimos discos de P.J. Harvey o de Tricky. ¡Por razones diferentes!
P: ¿En qué os diferenciáis Brian y tú en términos de actitud artística?
DB: Milagrosamente, nos encontramos a medio camino. Él toma elementos de la cultura de masas y aplica tratamientos de alta cultura, de la vanguardia. Yo soy lo contrario: popularizo lo que inicialmente eran conceptos poco conocidos, propios de élites. El roba abajo, yo robo arriba… ¡Qué no se entere nadie!
P: De todas formas, hay un elemento lúdico en vuestra forma de funcionar en un estudio, ¿no?
DB: Bien, no entramos a grabar con angustia. Brian llena el estudio de instrumentos, de juguetes, de relojes y otros aparatos que hagan ruido. Y luego están sus tarjetas de instrucciones: “¡conviértete en un árbol!” o “¡toca como si estuvieras friendo un huevo!”. Evidentemente, si le enseñáramos una tarjeta de esas a un músico profesional, nos expondríamos al ridículo o se indignaría. Por eso, seleccionamos instrumentistas que nos conocen lo suficiente como para no sentirse acobardados o molestos.
P: En vuestros antiguos discos berlineses, había un tercer elemento básico: Robert Fripp.
DB: Pensamos en él y también en Adrian Belew. Pero ambos están juntos en el proyecto de King Crimson y no queríamos interferir. Así que, para las guitarras, hemos contado con Carlos Alomar y Reeves Gabrels. Ambos son músicos de enormes posibilidades que no se dejan encadenar por la rutina. Al igual que el teclista, Mike Garson, han formado parte de mis grupos en diferentes épocas y eso les hace muy tolerantes con mis sugerencias.
P: Otra de las audacias del disco nuevo, “Outside”, es que se trata de una obra conceptual.
DB: No, yo no lo veo así. Más bien, es un disco narrativo. Antes de entrar a grabar, Brian y yo estuvimos improvisando solos, en una pieza donde él me otorgó el papel de griot, esos depositarios africanos de la historia y la leyenda. Al mismo tiempo, la revista “Q” me pidió una colaboración para una sección donde alguien escribe su diario de una semana. Yo no podía hacer algo tan obvio, y me inventé un personaje, el detective Nathan Adler, que ha reaparecido en “Outside”.
P: Y que investiga en el mundo del arte de vanguardia a finales del milenio. ¿Qué te atrae de ese mundo?
DB: Me fascinan los artistas extremistas, que recurren a mutilaciones, que se convierten en el objeto de su arte, que violan las reglas de las “performances”. Gente que se hace implantes de metal, que se desfigura el cuerpo, que se reconstruye mediante la cirugía estética.
P: Sin embargo, creo que tú solo tienes un tatuaje pequeño y escondido…
DB: Sí, soy un cobarde en esos asuntos. Lo que me interesa es el surgimiento de un nuevo paganismo, con la aparición de tribus modernas que recurren a marcas físicas para diferenciarse. Supongo que es una nostalgia inconsciente de tiempos más primitivos, cuando todos estábamos unidos por rituales. Lo que seguramente revela un anhelo de tener un horizonte espiritual. Yo imaginaba que eso ocurriría después de un trauma apocalíptico, pero está pasando ahora, quizá como respuesta a esa pérdida de sensibilidad que supone estar conviviendo con la violencia. No me hagas caso, puedo estar divagando…
P: La idea del detective que investiga unos asesinatos en serie que ocurren en un mundo donde la degradación social convive con la alta tecnología es muy… cyberpunk. ¿Has estado leyendo a William Gibson, Bruce Sterling y demás?
DB: Sí, aunque yo pienso que estoy desarrollando ambientes y personajes que ya estaban al fondo de discos míos como “Ziggy Stardust” o “Diamond dogs”. Con la abundancia de medios y los cruces de influencias, nadie puede afirmar que sus ideas son puras, originales. Creo más en un proceso de retroalimentación.
P: Has desarrollado un programa informático que imita el proceso de los “cut-ups” de William Burroughs.
DB: Lo hizo un amigo mío. La idea de combinar frases, párrafos y palabras de una forma aleatoria siempre me ha interesado. En la práctica, hacerlo al viejo estilo, con tijeras, pegamento y demás, te quitaba mucha emoción. Con el ordenador, se hace limpiamente. Y sigues sorprendiéndote de la infinidad de combinaciones que surgen al azar.
P: ¿Tendrá continuación “Outside”?
DB: Mi propósito es que sí, que se convierta en una especie de crónica de las preocupaciones dominantes en los últimos cinco años del milenio, al menos desde mi atalaya. En mi discográfica, han recibido el plan con interés, pero están esperando a que lleguen las cifras de venta de “Outside”…
P: Lo del arte, ¿es un entretenimiento o una posible carrera secundaria?
DB: Pues no me corresponde afirmar una cosa u otra. Tampoco es que me guíe por las reseñas de mis exposiciones: sé que mi nombre pone en funcionamiento el cinismo de los críticos, “otra estrella del rock jugando a artista posmoderno”. Sé que lo que hago, sean diseños de papel de pared o arte por ordenador, me produce placer. Brian suele decir que la creatividad de los músicos está limitada por los condicionantes de la industria, que define lo que puedes hacer… poniendo límites a los que están dispuestos a vender.
P: ¿Tienes relación el “establishment” del arte?
DB: He colaborado con artistas como Damien Hirst y Beezey Bailey. También estoy en el consejo editorial de “Modern Painters”. Y he compuesto la sintonía para una historia televisiva del arte británico. Me gustaría presentar un programa de televisión sobre arte contemporáneo, se puede hablar sobre arte sin caer en lo pretencioso, explicándolo sin condescendencia hacia el espectador. Pero no estoy muy seguro de que se atrevan. Para el mundillo del arte, siempre sería un intruso.
P: Pero insistes…
DB: Claro. Desde 1988, me he sentido más libre que nunca. Dejé de ser el David Bowie que se definía por su reflejo en los medios. Ahora, soy David Bowie, una persona que no quiere reprimirse ni se deja intimidar por los prejuicios ajenos.
domingo, 4 de diciembre de 2016
La Revista de El Mundo Febrero 1997
David Bowie: "La gente de mi generación, y no hablo sólo de los
Rolling Stones, se ha acomodado en una especie de limbo. Nadie se atreve a saltar sin
red. Casi todos siguen haciendo la misma música que hace veinte años.
Yo preferiría jubilarme antes que caer en eso".
"Hubo un tiempo en que los cantantes de rock nos creímos dioses y pensábamos
que íbamos a poder cambiar el mundo. Han pasado veinte años de todo aquello
y ya vemos cómo estamos. A veces me siento responsable del embrollo
en que hemos metido a nuestros hijos".
"No me arrepiento de haber tomado drogas, cocaína y alucinógenos sobre
todo. Estuve metido hasta el cuello, y puedo decir incluso que estoy contento
de haber pasado por esa experiencia. Pero también estoy contento de
haber sobrevivido; otros, lamentablemente, no pueden decir lo mismo.
Sólo puedo hablar sobre mi experiencia, repito: aprendí mucho
sobre mí mismo y sobre la vida. Dicho todo esto, no aconsejaría a
nadie que las tomara. Pero, ¿sabes una cosa? Odio ponerme en
plan paternalista. Por más que diga, la gente joven va a seguir
tomando drogas porque es una forma de experimentar.
Todo depende de lo aventurero que sea uno. Yo he estado en el agujero y se que es
muy difícil salir de él".
"Lo que es una hipocresía absoluta es meter en el mismo
paquete a la marihuana que a la heroína. No conozco a nadie
que se haya muerto de sobredosis por fumarse un porro".
Pregunta: ¿Le molesta que sigan corriendo rumores sobre su supuesta
bisexualidad?
David Bowie: Aquello era una pose, puro teatro. En todo caso, lo que
me inventé fueron personajes sin sexo. La gente puede luego sacar
las conclusiones que quieran, a mí no me importa. Soy un hombre felizmente
casado y hasta he descubierto a mis años el valor de la fidelidad.
Pero respeto muchísimo a quien se considere homosexual o bisexual.
Cada cual es libre de expresar su sexualidad como quiera.
Si me mantengo vivo es porque continúo cantando, pintando, escribiendo.
Piensa seguir dando guerra mientras el cuerpo aguante, y parece que
va a durar bastante.
El tiempo se estira. A eso se reduce la vejez, según Bowie. Uno se pone a hablar, como si fuera ayer, de algo que ocurrió hace treinta años. Uno se levanta un buen día tarareando una canción y le pregunta ingenuamente a su hijo:
-¿Te acuerdas de aquel tema de la Jefferson Airplane?
-¿Quiénes son esos, papá?
-Una banda de los sesenta... Olvídalo.
El tiempo se estira como la piel de un tambor, o como las mejillas enjutas del propio Bowie: ni una arruga fuera de lugar, ni una mueca de mala vida en ese rostro que ha pasado por todas las transformaciones posibles e imposibles. Herencia genética, dice. Su padre tampoco envejecía. Y su hijo, Zowie, 25 años, le obliga a rejuvenecerse todos los días. Vital y musicalmente. No como otros... "La gente de mi generación, y no hablo sólo de los Rolling Stones, se ha acomodado en una especie de limbo. Nadie se atreve a saltar sin red. Casi todos siguen haciendo la misma música que hace veinte años. Yo preferiría jubilarme antes que caer en eso".
Al cabo de cinco minutos, uno decide que Bowie no tiene edad. Viste más o menos correctamente, como un dandy de cuarenta, lleva el pelo engominado y de punta (digamos treinta) y se ha dejado bigote y perilla de veinteañero imberbe. Su optimismo contagioso remite a la infancia. De modo que con Bowie no existe eso que llaman barrera generacional ni tampoco el miedo escénico, la distancia de años luz que imponen a veces las grandes estrellas.
Está en sintonía consigo mismo, eso se nota, y uno no sabe si achacarlo como todo a la edad, maldita edad. Luego dirá que superados los cuarenta, tras pasar por su mayor crisis emocional y salir definitivamente del agujero, descubrió de pronto la alegría de vivir. Y que poco después se le apareció la Virgen de Ébano, la top model Imán: "Menos mal que la conocí cuando ya tenía encarrilados mis pasos. Si llegamos a encontrarnos quince años antes, no me habría soportado. Llevaba una vida de auténtica locura".
Su voz modulada te acuna como si le conocieras de siempre, su mirada bicolor se difumina en la penumbra del estudio musical donde espera la batería de preguntas, cruzado de piernas. En la mano izquierda, un cigarrillo que no acaba de encender; en la derecha, un cappuccino -primer sorbo- que se quedará tibio y lechoso en la espesura del tiempo, media hora escasa que lamentablemente no se estira.
Pregunta.-¿Qué se siente al cumplir los mismos años que el presidente Bill Clinton?
Respuesta.-Me siento menos poderoso. Sí, sobre todo eso: menos poderoso (risas). Hubo un tiempo en que los cantantes de rock nos creímos dioses y pensábamos que íbamos a poder cambiar el mundo. Han pasado veinte años de todo aquello y ya vemos cómo estamos. A veces me siento responsable del embrollo en que hemos metido a nuestros hijos.
P.-¿Lo dice por el suyo?
R.-Por supuesto, yo también tengo mi parte de culpa... Zowie se ha convertido en mi principal punto de referencia: me ayuda a no despegar los pies de la tierra. Es tremendamente crítico con el sistema. Por lo que escucho y veo, a él y a sus amigos, hay como una voluntad muy fuerte de cambiar esta sociedad porque detestan lo que ven. Algo parecido nos pasaba en los años sesenta.
P.-¿Cree que estamos a las puertas de un nuevo movimiento contestatario, al estilo hippie?
R.-Algo así. Digamos que una versión micro del movimiento hippie. Los jóvenes de hoy en día son más listos de lo que fuimos nosotros: nacen con la lección aprendida. Saben que la respuesta no está en la completa anarquía o en el nihilismo absoluto. No se han propuesto cambiar el mundo radicalmente, de un día para otro. Se conforman con hacerlo poco a poco, con pequeños grandes cambios en su entorno que acabarán fraguando en algo muy importante de aquí a unos años, de eso estoy seguro.
P.-Como la generación beat en los sesenta, los jóvenes de los noventa -Pulp Fiction, Trainspotting- vuelven a glorificar el consumo de drogas. Usted, que ha pasado por el trance, ¿qué les aconseja?
R.-Uf, cada vez que sale el tema no sé por dónde salir... Veamos. No me arrepiento de haber tomado drogas, cocaína y alucinógenos sobre todo. Estuve metido hasta el cuello, y puedo decir incluso que estoy contento de haber pasado por esa experiencia. Pero también estoy contento de haber sobrevivido; otros, lamentablemente, no pueden decir lo mismo. Sólo puedo hablar sobre mi experiencia, repito: aprendí mucho tomando drogas, mucho sobre mí mismo y sobre la vida. Dicho todo esto, no aconsejaría a nadie que las tomara. Pero, ¿sabes una cosa? Odio ponerme en plan paternalista. Por más que diga, la gente joven va a seguir tomando drogas porque es una forma de experimentar. Todo depende de lo aventurero que sea uno. Yo he estado en el agujero y sé que es muy difícil salir de él.
"Antes morir que seguir interpretando hasta la saciedad mis viejos temas" |
P.-¿Favorable a la legalización?
R.-Sería una medida muy controvertida, pero a lo mejor muchos de los problemas que hoy causa la droga se solucionarían de esa manera. Lo que es una hipocresía absoluta es meter en el mismo paquete a la marihuana que a la heroína. No conozco a nadie que se haya muerto de sobredosis por fumarse un porro.
P.-¿Usted aún los fuma?
R.-(Sonríe en silencio) Ahora fumo otra cosa más inofensiva... (señalando el cigarro apagado que lleva en la mano desde hace diez minutos).
P.-Lo puede encender si quiere.
R.-Gracias... Ya sabes cómo son los americanos, parece que haya siempre alguien escondido debajo de la mesa o del sofá para recordarte que está prohibido.
P.-En su nuevo disco, por cierto, hay un tema donde no hace otra cosa que decir: "Me dan miedo los americanos, me dan miedo los americanos"...
R.-¿Y quién no les teme? La canción me vino a la cabeza cuando estaba en la isla de Java, tan tranquilo, y ¡zas!, llegaron los americanos para inaugurar un McDonald's. Sí, es verdad. Me dan miedo los americanos, pero espero que no se lo tomen a mal. No es una canción hostil, tan sólo un poco burlona. Por un lado le estoy eternamente agradecido a este país porque ha dado al mundo cosas muy grandes: el rock and roll, la música negra, grandísimos escritores como William Burroughs o Jack Kerouac. Pero luego tenemos toda esta cultura-basura, horrible, homogénea y unidimensional. Es deprimente lo que está pasando. A veces lo veo como un volcán en perpetua erupción que está cubriendo de lava el planeta y arrasando todo a su paso.
P.-¿Se le ocurre alguna manera de pararlo?
R.-Yo qué sé. Tal vez habría que hacer un llamamiento internacional a la gente para que no coma jamás en McDonald's ni vaya nunca a Disneylandia (risas). Al menos mientras conservemos la libertad para elegir.
P.-También habla mucho en su disco del retorno a la espiritualidad ¿Se apunta a la moda del Dalai Lama?
R.-¿Lo dices por Siete años en el Tíbet? La escribí aprovechando un recuerdo de un viaje que hice de joven. Es un recuerdo muy fuerte, donde se mezcla la tensión política y la carga espiritual del Tíbet. Yo decidí hacerme budista con 18 años, y lo que me atraía del budismo es que nadie interfería en tu relación con Dios. El concepto occidental de Iglesia no me interesa, por todo lo que tiene de disciplina militar, de férreo control social.
P.-¿Sigue siendo budista?
R.-¿Lo soy o no lo soy? (mirando hacia arriba, como esperando una respuesta, que no llega, del Altísimo). Bueno, me siento cercano a la forma de pensar del budismo: la idea de cambio, de transición, de no apegarse a las cosas, la pasión por vivir el ahora... Pero no, no creo que se me pueda considerar budista a estas alturas. Agnóstico tal vez.
P.-Hablemos un poco de su pasado...
R.-Uf, me cuesta mucho mirar hacia atrás. Prefiero hablar del presente. Digamos que en mi vida hay un antes y un después. El cambio se produjo después de los cuarenta, no sabría decir exactamente cuándo, en todo caso, antes de conocer a Imán. Ella ha sido como el colofón a todo esto. Gracias a ella he encontrado el equilibrio definitivo. La adoro, lo confieso. Es la mujer de mi vida. Antes de conocerla estaba convencido de que el amor no existía. Existían las amistades por un lado, y luego el sexo.
"Soy un hombre felizmente casado y hasta he descubierto el valor de la fidelidad" |
P.-¿Ha leído la biografía que le dedica Christopher Sandford?
R.-No, aún no. No tengo la necesidad de alimentar instantáneamente mi ego. Tardaré un tiempo.
P.-Le habrá llegado el eco... Lo que dice sobre su tensa relación con Angela, su primera esposa, sus excesos sexuales...
R.-Todos cometemos excesos sexuales en la juventud. Ya digo que no la he leído y no puedo decir lo que es verdadero o falso.
P.-Usted jugó con la ambigüedad durante una etapa de su carrera ¿Le molesta que sigan corriendo rumores sobre su supuesta bisexualidad?
R.-Aquello era una pose, puro teatro. En todo caso, lo que me inventé fueron personajes sin sexo. La gente puede luego sacar las conclusiones que quiera, a mí no me importa. Soy un hombre felizmente casado y hasta he descubierto a mis años el valor de la fidelidad. Pero respeto muchísimo a quien se considere homosexual o bisexual, cada cual es libre de expresar su sexualidad como quiera.
P.-¿Cómo son sus relaciones con Mick Jagger?
R.-Musicalmente, hoy por hoy, estamos muy lejos el uno del otro. Por lo demás, bien.
P.-¿Qué tiene usted contra los Rolling Stones?
R.-Dios me libre de criticar a los Stones. Han sido una de las mejores bandas de rock del siglo, sin duda alguna. Eso sí, yo no sería capaz de estar haciendo lo que ellos: tocar la misma música que hace veinte años, hacer concesiones facilonas al público. Ahora bien, ellos son ellos y yo soy yo. Antes morir que seguir interpretando hasta la saciedad los mismos temas.
P.-¿En su próxima gira no piensa hacer ninguna concesión?
R.-No, ninguna. Estoy en una fase totalmente nueva y la gente tiene que darse cuenta. He decidido dejar el pasado atrás. Estuvo bien, pero ahí se quedó. Tocando los mismos temas es cuando de verdad me siento viejo.
P.-Hay quien piensa que el rock agoniza...
R.-Algo hay de cierto: las grandes bandas están estancadas. Quiero ser optimista y pensar que el gran salvavidas del rock es la música de baile. El jungle, el techno, el ambient, la música industrial son los sonidos más excitantes que se están haciendo hoy. El rock se está fosilizando; necesita sangre nueva, y la new wave nacerá de la fusión del rock y la música de baile. Eso es lo que he intentado en Earthling, que es un disco muy fresco, hecho prácticamente en nueve días. El álbum no tiene ninguna lectura paralela: soy yo mismo, sin ninguna máscara.
P.-De un tiempo a esta parte tiene totalmente desconcertados a sus fans...
R.-Eso es bueno, que sigan desconcertados.
P.-¿Tiene idea de quién le escucha a estas alturas?
R.-No lo pienso, no lo sé. Cuando compongo un tema pienso en qué es lo que me gustaría a mí; es lo que he hecho siempre. Si trato de gustar a otra gente, si me engaño a mí mismo, lo más seguro es que acabe en un callejón sin salida y tenga la tentación de retirarme, como ya me ocurrió una vez en el pasado. Creo que un artista ha de ser siempre fiel a los dictados de su corazón. Ahora mismo, la verdad, me siento muy a gusto en mi pellejo.
P.-¿Proyectos a la vista?
R.-Muchos, estoy como quien dice en estado efervescente. Ya estoy trabajando con Brian Eno en la continuación de la tetralogía de Outside: el próximo disco se llamará Contamination. Tengo mucha ilusión en el tour de primavera, que seguramente pasará por España, y me gustaría seguir haciendo cine. Ahora vuelven a mandarme guiones interesantes, ya sabes, después de interpretar a Warhol.
R.-Eso seguro. No tengo ninguna meta fijada, pero llegaré más allá del año 2000. Si me mantengo vivo es porque continúo cantando, pintando, escribiendo. Pienso seguir dando guerra mientras el cuerpo aguante, y parece que va a durar bastante.
Popular 1 Diciembre 1995
Bowie: "Es fácil mirar a los 80 como algo negativo, porque creo que la primera mitad probablemente lo fue. Pero cuanto más me alejo de los 80, más me doy cuenta de que la segunda mitad fue muy educativa y probablemente tan creativa como cualquier otro periodo por el que haya pasado. Principalmente porque conocí a Reeves Gabrels y creo que Reeves fue la persona más importante en mi vida en esos momentos desde un punto de vista creativo. Es un tipo muy audaz, inconformista, no-ortodoxo y me hizo recordar cómo era yo antes y cuál solía ser mi actitud. Trabajar con él en Tin Machine, me hizo recordar lo excitante que puede ser la música y ser aventurero e ir contra las modas. Eso fue la salvación de los 80. La parte negativa fue sentir que me había colocado en una esquina con el éxito para todos los públicos, que no me pegaba, ni me sentía cómodo... pero era muy bueno haciéndolo. Era algo que no era difícil para mí. Cuando encuentras que eres bueno en algo y empiezas a repetirte, si te consideras un artista, empiezas a sentir amargura hacia ti mismo y quizás indiferencia hacia el arte en sí mismo. Necesitaba que me agitaran y Reeves lo hizo".
Pregunta: ¿Crees que "Shinning Star" de "Never Let Me Down" es posiblemente la peor canción que has escrito?
Bowie: "Sabes, sería duro para mí incluso recordarla. Creo que algunas de esas canciones podrían haber sido bastante buenas si hubiera tenido más interés."Tumble & Twelve", que escribí con Iggy, tenía los huesos para ser una muy buena canción, pero dejé a otro hacer los arreglos: "hazlo tú y yo la cantaré". Y eso era algo muy impropio de mí porque hasta "Tonight" yo había estado muy implicado en todos los arreglos... pero aprendí la lección. Y eso fueron los 80. La parte buena, también fue justo al principio cuando hice "Scary Monsters", que fue fantástico, y parte de "Let's Dance" como "Ricochet", el primer tema de la segunda cara. Incluso pensé en hacerla este tour, sólo para ser testarudo en hacer algo de "Let's Dance", y seguro que nadie hubiera sabido que era de ese disco si la tocara".
Pregunta: ¿Me puedes hablar de Marc Bolan?
Bowie: Marc! Marc y yo fuimos amigos muy cercanos en los 60, nos distanciamos a finales de los 60 y principios de los 70 porque los dos estábamos intentando ser muy, muy grandes (Risas). Y consecuentemente cuando los dos tuvimos un cierto éxito volvimos a ser amigos, justo antes de que se muriera. Fue horrible para mí. Era uno de mis mejores amigos. Fue muy furo imaginar un mundo sin Marc, era un tío tan bueno. He perdido a tantos amigos, por el SIDA, accidentes o suicidios... cuando pierdes a alguien querido te das cuenta del arte que es sobrevivir y empiezas a aprender a no tomarte algunas cosas tan seriamente.
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