jueves, 2 de abril de 2020

Cincuenta cambios de Bowie Q , David Cavanagh, Febrero de 1997


Cincuenta cambios de Bowie 
Q , David Cavanagh, Febrero de 1997
(Extractos)

Bowie trae una diapositiva que piensa usar en el material gráfico de su nuevo álbum. Fue tomada en 1974 en la UCLA con una cámara Kirlian, que sirve para fotografiar campos energéticos. La mitad izquierda de la diapositiva muestra la circunferencia del índice de Bowie inmediatamente antes de tomar cocaína. 


La otra mitad de la foto fue tomada treinta minutos después (de hecho, ayuda que haya escrito detrás: “Justo antes de tomar coca” y “Treinta minutos después”). En la foto de “antes”, el dedo de Bowie es un círculo es un círculo limpio con un borde exterior de oscuridad. En la foto de “después”, sin embargo, su dedo tiene un halo rabioso, rendido, grueso como una arandela. Esa no era, claramente, la típica raya de cocaína. 

“No, en 1974 no era así, no -admite Bowie-. Esa cámara era muy peligrosa además. Con frecuencia explotaba. Nic Roeg quería usar algunos ejemplos en El hombre que vino de las estrellas, pero no había filmado lo bastante bien.”

Dicho esto, Bowie se sacude el polvo de mediados de los setenta, se pone de pie de un salto y lleva a Q al estudio contiguo para escuchar algunas mezclas en crudo de los nuevos temas. Mientras suenan las canciones, está constantemente cambiando de lugar, explicando cómo se generaron ciertos efectos (“no hay sampleos”) o dónde desembocará un solo. Señala los altavoces cada vez que va a sonar una parte que es buena. “Seven Years in Tibet” es su favorita en el presente: tiene tambores que suenan como martillazos, un impactante sonido de saxofón y la ha añadido a la lista de canciones de los conciertos. 

Fue mientras disfrutaba el carrusel de festivales del verano pasado cuando Bowie decidió mantenerse en marcha con la misma energía. En cuanto la gira terminó, él y la banda entraron inmediatamente en el estudio. Esta semana están de nuevo en el camino, haciendo una gira de cuatro fechas en clubs pequeños donde las entradas se agotan al instante. Mientras tanto, Bowie volvió a grabar un álbum por año y está orgulloso de ello. 

“Es curioso, sabes, cuando era un muchacho hacíamos dos álbumes por año -recuerda-. ¡Dos álbumes por año! Y me encantaba.”


Sé lo que sucede cuando toco los clásicos. Conozco el resultado. Entonces, ¿para qué querría hacerlo nuevamente? A no ser que sea por una remuneración económica, algo que francamente no necesito. Pocos de nosotros estamos llegando ahora a los cincuenta y a los sesenta, y no quiero desechar la posibilidad de vivir plenamente la edad que ahora tengo. ¿Entiendes? Una vez que has ido lejos, ya no hay vuelta atrás. Y yo he llegado lejos. Estoy aquí. Estoy en mi terreno. Estoy haciéndolo. 

De aquí a diez años, cuando esté tocando en salas totalmente vacías, mis contemporáneos podrán darse la vuelta y decir: “Bueno, por esa razón no hicimos lo que hiciste tú”. Pero ya veremos. Por lo menos tendré la oportunidad  de ver cómo de lejos puede llegarse en esta vida. 


¿De qué tratan las canciones?

Creo que el terreno común de todas ellas es esta duradera necesidad que hay en mí de vacilar entre el ateísmo y una especie de gnosticismo. Yo sigo yendo hacia un lado y hacia el otro, porque ambas cosas significan mucho para mi vida. Es decir, la Iglesia no entró en mi escritura o en mis pensamientos. Lo que necesito es encontrar un equilibrio espiritual en mi forma de vivir y en la forma en que voy a desaparecer. Y ese periodo de tiempo -desde hoy hasta mi muerte- es lo único que me fascina. 

¿Ya estás pensando en la muerte?

No creo que haya habido un momento en el que no lo hiciese. La muerte estaba ennoblecida con una actitud romántica y desenfadada cuando era mucho más joven, pero ya estaba allí. Ahora remide la racionalidad. Sé que esta vida es finita y tengo que aceptarlo. 

¿Qué te impide creer que haya una vida después de esta?

No he dicho que no lo crea. Creo en una continuación, una suerte de ensueño sin sueños. Oh, no lo sé. Volveré para contártelo. 

Los años en los que tomaste muchas drogas, ¿te han causado un daño duradero?

He sido un cabrón con mucha suerte. Estoy extremadamente sano. Y no, no me ha dejado ni una sola secuela en el cerebro. Recuerdo leer sobre los efectos de grandes cantidades de anfetaminas y cocaína, y los agujeros que te dejan en el cerebro. Especifican las cantidades que hay que tomar para que se produzcan daños considerables, cantidades que yo excedí de lejos. Pensaba: “Oh, Dios, ¿qué diablos está ocurriendo ahí arriba?”. 

¿En la mediana edad, se llega a la comprensión de que no eres la persona más importante del planeta?

No, de hecho, fui la antítesis de eso. Pensé que no existía. De veras, me sentía completamente anacrónico. Pensaba que la obra era lo único de valor. Ahora estoy empezando a gustarme bastante. Sabes, en realidad deberíamos continuar esta conversación con… otras personas que hablen sobre esta cuestión. 

¿Sabías, de pequeño, que compartes cumpleaños con Elvis Presley?

Me fascinaba completamente. No podía creerlo. Él era mi mayor héroe. Y yo probablemente era lo bastante estúpido para creer que cumplir años el mismo día que él tenía en realidad algún significado. 

Le viste actuar en Nueva York, en 1971.

Es cierto. Fui un fin de semana largo. Recuerdo ir directamente desde el aeropuerto y entrar muy tarde en el Madison Square Garden. Llevaba puesta la ropa del periodo de Ziggy y tenía unos muy buenos asientos, en las primeras filas. Todo el lugar simplemente empezó a fijarse en mí y me sentía como un perfecto idiota. Tenía el pelo rojo brillante, un traje espacial enorme y acolchado, y aquellas botas rojas con grandes suelas negras. Ojalá me hubiera vestido menos llamativamente, porque él debió verme. Aunque estaba muy metido en su actuación. 

¿Cuáles de tus viejos álbumes escuchas aún?

No Ziggy (ríe). En realidad, comencé a escuchar ‘Low’ nuevamente cuando me enteré de que Trent Reznor era un gran fan de este. Volví para averiguar por qué y comencé a escuchar el sonido descompuesto de la batería y las marcas obvias de su manera de escribir. Fue bastante instructivo. Y vaya…, ¡qué buen álbum fue ese! También pienso que ‘Station to Station’ es genial. Lo escuché unas cuantas veces. 

En concreto, ¿es cierta la historia de que no recuerdas la grabación de ‘Station to Station’?

Es muy cierta. Diría que buena parte del tiempo que pasé en Estados Unidos en los setenta es en realidad muy difícil de recordar, de una forma que no he visto que le haya ocurrido a muchos otros artistas. Yo volaba cuando estaba ahí de una manera muy mala. Así que escucho ‘Station to Station’ como una obra hecha por una persona enteramente diferente. En primer lugar, está el contenido, respecto del que nadie se ha expresado con claridad. El tema mismo ‘Station to Station’ tiene mucho que ver con las estaciones de la cruz. Todas las referencias dentro de esa pieza tienen que ver con la Cábala. Es el álbum más cercano al tratado de ‘magick’ que yo haya escrito. No he leído ni una sola reseña que realmente haya reparado en esto. Es un álbum extremadamente oscuro. Y fue un tiempo tristísimo para mí, debo añadir. 

¿Qué habría pasado si uno de tus singles de mediados de los sesenta, a los que no les fue bien, como “Rubber Band” y “You’ve Got a Habit of Leaving”, se hubieran convertido en un enorme éxito?

¡Ja! Probablemente estaría en ‘Los miserables’ ahora. Habría hecho musicales.  Casi podría garantizarlo. ¡Oh!, estoy seguro de que habría sido una hormiguita trabajadora de la escena del West End. Habría escrito diez ‘Laughing Gnomes’, no solo uno.

Gabrels era un virtuoso de la guitarra nacido en Boston cuyo amor por la música de Bowie se disipó (como el de mucha gente) a causa de la escasa calidad de Tonight y Never Let Me Down. Bowie también se aburre muchísimo con esos álbumes. 

Llegué a ser quien nunca había querido. Un artista con aceptación popular. Había comenzado a atraer al público que compraba los álbumes de Phil Collins. Me gusta él como persona, créeme, pero no está en mi estantería de discos para poner las veinticuatro horas del día.  De pronto, no sabía cuál era mi público y, aun peor, no me preocupaba por él.

Lleno de dudas y de aversión por la creciente insipidez de su música, Bowie apenas se molestó en aparecer en las sesiones de grabación de ‘Never Let Me Down’.

Estaba dejando que los chicos lo arreglasen todo, y yo iba y metía las voces, y luego me largaba llevándome a alguna chica. 

En privado, solo veía una vía de escape: retirarse. Esa era su intención.

Más que nada, pensé que debía hacer tanto dinero como fuera posible y retirarme. No pensaba en que hubiera otra alternativa. Creía que era una vasija vacía y que obviamente acabaría como todos los demás, haciendo estos malditos estúpidos conciertos, cantando “Rebel Rebel” hasta que tropezara y sangrara. 

El Bowiebus se encuentra a dos horas de Nueva York. Garson pronto se queda dormido, mientras que el resto del grupo, Bowie inclusive, ven en vídeo All You Need Is Cash, el documental televisivo sobre los asuntos financieros de los Beatles. Es bastante crítico con John Lennon, el viejo amigo de Bowie. Mencionar a Lennon es algo que no lo impresiona. Sigue chasqueando la lengua y moviendo la cabeza. Y cuando el biógrafo Philip Norman hace un comentario superficial sobre la relación de Lennon con Yoko Ono, Bowie se da la vuelta indignado. “¡Cierra el pico! ¿Quién mierda eres tú?”.

Bowie es un hombre feliz. Tiene a su banda reunida, todos en la misma parte del bus, y los adora. No hay un solo grupo a lo largo del mundo al que le tema. Aun cuando puede hablar respetuosamente -y lo hace-  sobre su clásica sección rítmica de los setenta, o sobre la maravillosa forma de tocar el bajo de Herbie Flowers, o sobre las entretenidas historias de Rick Wakeman (quien es muy buen amigo de Norman Wisdom, algo de lo que Bowie se entera ahora), puedes darte cuenta de que estas personas rara vez figuran en sus pensamientos. Está contento con su nueva banda. 

Ahora me preocupo por la gente -concluye-. Antes no solía hacerlo, probablemente porque tampoco me preocupaba por mí mismo. Pero, de verdad, creo que ahora me preocupo por la gente, por saber si lo están pasando mal o bien. 
Fuente: Bowie por Bowie - Entrevistas y encuentros con David Bowie - Sean Egan - Libros Cúpula.

martes, 31 de marzo de 2020

New Musical Express, Steven Wells, 25 noviembre de 1995



Le pregunto si ayer vio el documental en la tele sobre The Small Faces, y si no es raro que esos tipos, que solían ser criaturas delgaditas y sensuales, ahora estén todos regordetes, arrugados y viejos, pero tú, señor Dorian Gray, te ves aun cool, delgado y sexi. Le pregunto si cree que habría tenido la mitad de éxito en el Olimpo del Rock de los Pervertidos si hubiera sido un poco gordo y con cara de hámster como moi, me mira y me dice: “¡Ja! ¡Sueño con ser regordete!”. Y no solo eso, sino que con gusto cambiara su cuerpo por el mío el día que la tecnología lo haga posible. Cool!

Fuma Marlboro Lights como una chimenea

Estaba fumando treina marlboros rojos al día ay luego me pasé a los lights, y ahora estoy fumando sesenta al día. ¡Es ridículo! Se supone que voy a dejar de fumar pronto por completo, pero no puedo…

¿Te preocupa la mortalidad? Cada vez que enciendes un cigarrillo, ¿te imaginas pudriéndote en una sala de enfermos de cáncer? 

No. Me encanta la muerte. Cuanta más muerte mejor. Creo que es algo bueno. ¡Ja, ja, ja!

¿Has leído “Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo”, de Allen Carr?

¡Oh, sí! Leí el libro, escuché las cintas. ¡Puse de mi parte! ¡Fui a un -shhhh- “hipnotizador de renombre” Fue vergonzoso. Pasados veinte minutos no estaba ni cerca de quedarme dormido. Solo le escuchaba hablando sin cesar y me dolía mucho el culo. Quiero decir, me dolía muchísimo el culo, pero no me atrevía a moverme, porque podría avergonzarnos a los dos, porque yo fingía estar hipnotizado. No podía decirle: “Disculpe, ¿le molesta que mueva el culo de lugar?”. 

Bowie se retiró a Berlín, con el igualmente demencial Iggy Pop.

Comencé a hacer amigos por primera vez. Sé que suena extraño, pero no tenía mucha gente a la que enfrentarme y decirle: “Mi vida no es como la tuya”. No conocía a nadie, de verdad. Iggy era una de las pocas personas que conocía, pero apenas. Aún somos muy cordiales el uno con el otro y tenemos esa especia de cuidado entre nosotros. En el mejor de los casos, el vínculo que tenemos es débil. No podría decir que fuéramos amigos del alma…

¿Alguna vez te miras al espejo y piensas: “Carajo… ¡es David Bowie!”?

¡Ja! Hace mucho que no hago eso. Creo que lo más cerca que he estado fue tratar de emocionarme conmigo mismo. Decirme a mí mismo que soy muy bueno. Siempre he tenido un problema al respecto. 

¿Por tu falta de confianza?

Sí, es terrible. Tiempo atrás era muy importante para mí creer que era muy, muy grande en lo que que hacía, ehhh…

¿Pese al hecho de que todos querían lamerte el culo?

Sí, sí. No me creía todo aquello. No. Siempre tuve un problema grave con mi valor como artista e, imagino, con mi valor como persona también. Una autoestima terriblemente baja. De verdad, diabólicamente baja. No lo creerías. 

El periodo de Tin Machine debe haber sido duro, porque no hubo Dios a quien le gustara aquello.

No. Sí, sí. Eh…, realidad yo disfruté muchísimo. Me encantaba. Me encantó la confusión que produjo. ¡Ja, ja! El hecho de que podía causar tamaña hostilidad. He tenido mucho suerte de no resultarle indiferente a nadie. La única vez que sentí algo diferente fue a mediados de los ochenta, cuando hice esos “álbumes indiferentes”, y sentí lo que era ser mediocre, ¿sabes? De hecho, lo irónico es que tanto “Tonight” y, mmm, el otro, no puedo recordar cómo se llamaba, eh…, “Never Let Me Down”, los dos me enseñaron una nueva lección, y es que la mierda vende. ¡Ja, ja, ja! ¡Canciones de mierda, realmente horribles!

Tin Machine, ¿te quitó de un plumazo esa cosa vergonzosa de ser una estrella de rock de mediana edad?

Te diré algo. Hazme un favor. Al volver a casa, pasa por la tienda de discos, compra una copia del álbum “Tin Machine” y escucha una canción que se llama “I Can’t Read”. Escucha esa, ¿quieres? No te pido que escuches el resto, solo escucha esa canción en particular, porque creo que es una de las mejores que haya escrito jamás. ¡De verdad!

Estuve rastreando viejos ejemplares de New Musical Express buscando un artículo y me encontré con uno sobre “lo chic que es ser nazi”, ilustrado con una foto tuya en Victoria Station, haciendo el saludo nazi con una chaqueta de cuero.

En realidad, era una chaqueta de lana.

Te disculpé unas cien veces por ese incidente, pero ahora sales de gira con Morrissey, un artista que también ha sido llevado a la hoguera supuestamente por coquetear con una imaginería sórdida de derechas, y que increíblemente, nunca sintió la necesidad de disculparse o incluso de explicar sus actos. ¿Cómo te sientes al respecto?

La verdad es que no sé cuál es su rollo. No estoy familiarizado con lo que ha estado diciendo. De hecho, esa fue una de las cosas de las que quisiera hablar con él. Cuéntamelo tú.

Así que se lo cuento. Le cuento a señor Bowie que lo que de verdad molestó a la gente fue la elección del momento oportuno, cuando Morrissey, en lo que parecía ser un ataque de arrogante rencor artístico, ignoró todas las críticas y negó la necesidad de tener que explicar sus actos en un momento en el que estaban lanzando bombas incendiarias a los trabajadores inmigrantes turcos en Alemania, en el que un partido abiertamente nazi ganaba un escaño en el consejo de Bermondsey, y en el que los “nuevos nazis se jactaban y se sentían lo bastante confiados para comenzar a deambular por las calles buscando negros y asiáticos para desfigurarlos y asesinarlos. El paralelismo con el coqueteo con el fascismo de Bowie en 1976, en un momento en el que el Frente Nacional Nazi (predecesor del Partido Nacional Británico) cosecha los frutos de un ascenso de popularidad real y terrorífica, era obvio. 

Vaya, puedes ser muy espeso cuando quieres. Yo tenía esta obsesión morbosa por lo que se entiende como ‘misticismo’ del Tercer Reich. Las historias de las SS que venían a Inglaterra en búsqueda del santo grial, ese era el aspecto que en verdad me atraía en el estado drogado y enfermizo en que me encontraba. Aunque ahora parezca absurdo, simplemente no se me ocurrió que lo que estaba haciendo tuviera alguna relevancia. Mi interés predominante estaba en la cábala y el crowleyismo  (por Aleister Crowley). Todo oscuro, un tanto escalofriante y apocalíptico del lado equivocado del cerebro. 

¿Crees que esa cuestión del magick tiene la capacidad de afectar el mundo físico?

No, creo que esas cosas se convierten simplemente en sostenes simbólicos de lo negativo. Yo me encontraba en un estado de ánimo muy adolescente, incluso cuando ya no lo era. Las drogas prolongaron el estado de la adolescencia. O pueden prolongarlo en cualquier caso; a mí ciertamente, me lo prolongaron.

Tus entrevistas recientes han enfatizado la naturaleza “artística” de Outside y tú también hablaste mucho sobre “el espíritu”.

Acababa de leer un libro de John Berger, ‘Modos de ver’, y en él se explica que el arte, en realidad, se trata de una ‘falsa religiosidad’. 


Yo sé que buen parte de mi generación leía en serio. Todo aquel que uno conocía en ese periodo leía al menos un libro al mes. La forma en que se accedía a la información era mucho más lenta, más deliberada y, hasta cierto punto, más profunda. No estoy diciendo que fuera necesariamente algo bueno. No se lee ya de ese modo y no es algo despectivo, simplemente las cosas son así.

Fuente: Bowie por Bowie - Entrevistas y encuentros con David Bowie - Sean Egan - Libros Cúpula.

domingo, 29 de marzo de 2020

Ikon (Reino Unido), Chris Roberts, Octubre de 1995


Ikon (Reino Unido), Chris Roberts, Octubre de 1995
(Extractos de la entrevista)




Nathan Adler, álter ego de Bowie, es un detective que sigue la pista del asesinato artístico-ritual de Baby-Grace, cuyo cuerpo desmembrado se encuentra en un museo de arte moderno. A mediados de los años noventa, la revista “Q” pidió a Bowie que escribiera un diario durante diez días. Bowie, en lugar de su día a día, escribió el diario ficticio de este personaje, que se convirtió en la base de las letras de Otuside. 


¿Sientes que has adquirido una sabiduría significativa?

El anciano sabio, ¡ja, ja!, ya ves, estuve haciendo el papel de alguien de ciento treinta años a los treinta y ocho, o algo así, con The Hunger. ¡Y lo hago con más facilidad ahora!

Ahora soy lo bastante viejo -¡hurra!- para tener una obra con cuerpo, lo cual es genial. Significa que puedo echar mano y sacar símbolos y atmósferas e incluso procedimientos y técnicas que ha utilizado antes, y volver a aplicarlos a nuevas situaciones. Es una máxima básica que, si sacas algo de contexto y lo pones en otro, cobra un conjunto diferente de significados.

De modo que, con Outside, al ubicar el espeluznante entorno de la ciudad de Diamond Dogs en los noventa, le doy una vuelta completamente diferente. Era importante para esta ciudad, para este escenario, tener una población, un número de personajes. Traté de diversificar a esos personajes de verdad excéntricos tanto como fuera posible. Por encima de todo, una ambición de hace tiempo es hacer una serie de álbumes que se extienda hasta 1999, para tratar de capturar, por medio de esa estrategia, cómo se sentirán los últimos cinco años del milenio. Es un diario dentro de un diario. La narrativa y las historias no son el contenido, el contenido son los espacios entre los puntos lineales. Las texturas, revueltas, extrañas. 

La obra suena paranoica y siniestra, mientras que tú en persona, o tan en persona como podré llegar a conocerte alguna vez, pareces exuberante…

Oh, tengo las esperanzas más piadosas para el fin de siècle. Lo veo como un rito sacrificial simbólico. Lo veo como una desviación, un pagano deseando que los dioses aparezcan, para que podamos movernos. Hay na auténtica sed espiritual ahí fuera que es llenada por estas mutaciones de ritos y rituales que apenas se recuerdan. Para ocupar el vacío que dejó una iglesia no autoritaria. Tenemos este botón del pánico diciéndonos que el fin de siglo va a ser una locura colosal, y no lo será. El mayor problema que tendremos será el nombre que le daremos. ¿Dos mil? ¿Veinte-cero-cero? ¿Veinte-veinte? Bueno, lo viviremos enteramente, pero ¿qué nombre le pondremos?

¿Se pierde mucho tiempo en las esperas?

Sí, lo odio, sabes. Me agoto al hablar de cine después de un rato. La gente se queda allí, hablando de películas que están terminando o que van a hacer, de todo lo que rodea a la industria. La gente no parece tener otra vida fuera de ello, y piensas: “Dios, ¿no podemos hablar de otra cosa que no sea de películas? Zzzz…”

Hacer el papel de Warhol, de quien decoraste que era imposible distinguirlo de una pantalla cinematográfica, debe de haber sido divertido, sin embargo.

Sí, fue genial, porque solo fueron diez días. Yo tenía siete mil palabras, y una vez que me las aprendí en el orden correcto, fue pan comido. Fue un papel más desafiante. 





Siempre me atrajo el “flujo de conciencia”. Desde que era niño. Me sentía más familiar y tenía más empatía por gente como Jack Kerouac, Ginsberg, Ferlinghetti y, desde luego, más tarde, por Burroughs, a fines de los setenta. La gente como Thomas Hardy tiene una resonancia que valoro, pero aun me resulta muy difícil. 

¿Es más aplicado que brillante?

Sí. Sabes, entiendo que lleve su tempo leerlo y que tenga matices que deberían considerarse. ¡Pero no estoy seguro de tener tiempo!

Sí, hay muchos otros árboles.

Puedo leer mucho, eso sí. En una buena semana, paso por tres o cuatro libros. Somos, por tradición, una nación literaria, ¡como puede verse en la forma en la que denigramos las artes visuales! Y heredé ese gran amor por la literatura, me encanta que me cuenten una historia, que me muestren nuevas ideas. 

Pero lo que me gusta de los escritores que trabajan con el flujo de la conciencia es por lo mismo por lo que espero que a mi público le guste de mi obra, y es que me pertenecen más. Hay más espacio para la interpretación. En un libro de Hardy los parámetros de la narrativa y la sensibilidad están dictados por el autor. Tienes que seguir su plan e ingresar en su mundo de la manera en que él quiere. Yo prefiero que se me permita más laxitud: algo que pueda usar. 

Fuente: Bowie por Bowie - Entrevistas y encuentros con David Bowie - Sean Egan - Libros Cúpula.

Time Out (Reino Unido), Dominic Wells, 30 de agosto y 6 de septiembre de 1995



Time Out (Reino Unido), Dominic Wells, 30 de agosto y 6 de septiembre de 1995
(Extractos)


Outside quizá requiera unas cuantas audiciones; acaso haya, en setenta y cinco minutos, unos cuantos temas que se vayan a saltar; pero es lo mejor de Bowie en quince años, y él lo sabe. Bowie alardea al declarar: “¡Y decían que ya era historia!”.


Bowie encarna varios personajes que van desde los catorce hasta los setenta y ocho años. Musicalmente, además, abarca varias generaciones con viejos compinches suyos: Mike Garson en el piano, Carlos Alomar en la guitarra rítmica.; Reeves Gabriels en la guitarra principal; Erdal Kizilcay en teclados y bajo, y David Richards como ingeniero. El resultado es una fusión extraordinaria de sonidos, ritmos y naciones que se oye como un cruce actualizado entre Lodger y My Life in the Bush of Ghosts.

Sus ojos desiguales son en verdad desconcertantes (pese a que no lo notarás en nuestra portada, gracias a las lentes de contacto azules).

¿Cuál es el origen de este álbum?

Bowie: Un momento crucial para nosotros en realidad fue la boda.
Eno:  Eso es absolutamente cierto, fue allí donde lo hablamos por primera vez. 

Bowie. Yo acababa de empezar con los temas instrumentales para el álbum Black Tie White Noise y tenía unas cuantas, solo como piezas instrumentales para la boda, pues habían sido escritas un pco con la idea de la ceremonia nupcial. En ese momento, Brian estaba trabajando en Nerve Net, y nos dimos cuenta de pronto de que nuevamente estábamos tomando el mismo rumbo. 

Eno: Es interesante que ocurriera en la celebración de la boda, ¿verdad? Todos estaban allí y comenzamos a hablar y David me dice: “¡Tienes que escuchar esto!”. Fue hasta donde estaba el encargado de la música y le dijo: “No, quieta eso, pon esto”. 

Resulta extraño que en tu último álbum volvieras con Nile Rodgers, con quien tuviste tu mayor éxito comercial (Let’s Dance) y ahora vuelves con Brian…

Eno: ¡Con quien tuviste tu menor éxito comercial!

Con quien recibiste algunos de los mayores elogios de la crítica.

Bowie: Por extraño que parezca, le dije a Nile más o menos lo mismo que Brian me dijo a mí: “Mira, no vamos a hacer una continuación al uso de Let’s Dance”. Yo acababa de salir del periodo de Tin Machine, algo que para mí fue un ejercicio realmente liberador, y quería experimentar en Black Tie. Me enamoraba la idea de hacer un híbrido del alma eurocéntrica, pero había también piezas como “Pallas Athena” y “You’ve Been Around” que jugaban más con la música ambiental y el funk. Luego hice un álbum en el ínterin que fue muy importante para mí: Buddha of Suburbia. 

Eno: ese fue un disco que me entusiasmó. De hecho, te escribí una carta en la que te decía que ese disco había sido injustamente subestimado. Me pareció que se debe a que era una banda sonora y, como la gente acostumbra a decir: “Eso no es música de verdad”. Me parece tan increíble que la comunidad crítica sea tan sorprendentemente corta de miras en su campo de referencia. 

Bowie: Lo genial que Brian hizo con mucha de la improvisación  es que teníamos relojes, radios y cosas cerca del sampler, y él, digamos, encontraba una frase en la radio francesa y la sumaba rítmicamente, así que se volvía parte de la textura. Y la gente reacciona a eso, tocaba de forma diferente porque seguían suscitándose esos sonidos tan extraños. 
Eno: Sí, y él hacía lo mismo con las letras. En paralelo, David improvisaba las letras, teníamos libros, revistas y recortes de periódicos a nuestra merced, y él extraía frases que iba poniendo juntas.

Bowie: Si te las leyera, algunas te parecerían completamente incomprensibles. 

Si un estudiante de lengua inglesa, en un curso de poesía o algo así, se sentara a intentar analizar tus letras, ¿estaría perdiendo el tiempo?

Bowie: No, porque creo que en la actualidad hay muchas referencias para ellos sobre lo último que se ha escrito en el siglo XX, desde James Joyce hasta William Burroughs. Yo provengo de una escuela tradicional de deconstruir las frases y volver a construirlas en lo que se considera un método azaroso. Pero en ese azar hay algo que percibimos como una realidad que, de hecho, nuestras vidas no están ordenadas, que no tenemos principios y finales ordenados. 


Bowie: Si nos diéramos cuenta de cuán increíblemente compleja es nuestra situación, simplemente moriríamos por el impacto. 


A mucha gente le impactó que hicieras un mural de papel pintado.

Bowie: Bueno, no es muy original. Robert Gober y muchos otros, incluso Andy Warhol, ya lo hicieron. Es solo parte de una tradición. 

¿Te duele que mucha gente esté caminando por Londres diciendo: “David Bowie, qué imbécil pretencioso”?

Bowie: No recreado una vez en que no se haya dicho eso, sin embargo, ¿cuál es la diferencia? Es solo una chaqueta de diferente color. No me duele en absoluto. 

Bowie: Yo trabajo porque es una forma genial de no tener que trabajar en una tienda -ser compositor, músico, artista, pintor y escultor-, es genial hacer todo este material, no podrá describirte lo emocionante que es. De verdad, es genial. 

Fuente: Bowie por Bowie - Entrevistas y encuentros con David Bowie - Sean Egan - Libros Cúpula.

viernes, 27 de marzo de 2020

Rolling Stone (Estados Unidos), David Sinclair, 10 de junio de 1993

Extractos de la entrevista:

En un sórdido callejón del Soho, la infame zona roja de Londres, David se detiene frente a un portal. Inseguro de quién o qué encontrará al otro lado, toca el timbre. 

“Sí”, dice una voz por el interfono.

Hola -dice Bowie- ¿Alguna vez estuvieron aquí los estudios Trident?

Placa conmemorativa colocada tras el fallecimiento de Bowie.

“Cierto, sí hace mucho tiempo”, dice la voz al otro lado.

“Soy David Bowie. Solía grabar aquí. ¿Crees que podría entrar un segundo?

Un momento de pausa. La puerta se abre. Bowie entra. Justo frente a él hay un tramo corto de escalera y, cubriendo prácticamente toda la pared del rellano, a mitad de camino, hay un póster gigantesco de… David Bowie, fotografiado durante el rodaje de El hombre que vino de las estrellas.

“Bueno, es bonito sentir que has dejado huella”, dice Bowie, mientras unos cuantos sorprendidos emergen de las oficinas y forman ad hoc un comité de bienvenida.



El coche se detiene frente a un pub llamado Thomas à Becket, y Bowie desciende con un viento extremadamente frío y una ráfaga de lluvia. Va vestido  con una levita negra entallada, pantalones negros a medida y un par de impecables zapatos de cuero calado. Lleva unas gafas de montura de oro, que le proporcionan un aspecto severo, a pesar de que, a los cuarenta y seis años, su ligero bronceado y sus rasgos, fabulosamente esculpidos, permanecen envidiablemente intactos. 

Hoy en día es Bowie quien es acosado para conseguir un autógrafo, una de las pocas cosas que le parecen fastidiosas cuando camina por la calle. En general, se siente perfectamente a gusto recorriendo la ciudad en un Mercedes beige conducido por un chófer. No hay escándalos ni séquito de fans. 

Solo tengo gente a mi alrededor cuando estoy de gira o haciendo algo que, por una u otra razón, por un una u otra razón, tiene un perfil público -dice Bowie-. Si no, prefiero mucho más estar solo. Me doy cuenta de que si te pones unas gafas y no tratas de resaltar, puedes moverte con mucha facilidad. Siempre sospeché de la gente que dice necesitar estar rodeada de otros, porque a mí eso no me ocurre. De hecho, es entonces cuando me meto en problemas. Recuerdo caminar por Hollywood con Eddie Murphy, un tipo que me cae muy bien, pero cada vez que dábamos cinco pasos por la calle, se oía el ruido de cuarenta pasos que nos seguían por detrás. Era imposible.

De nuevo en el corazón de la ciudad, Bowie llegó a una pequeña calle sin salida llamada Heddon Street, escondida detrás de Regent Street. Baja del coche con un poco de incertidumbre y camina hacia un callejón al fondo, murmurando: “Vamos a tener que tantear un poco… Todo ha desaparecido, obviamente. Aquí vivía un fotógrafo que se llamaba Brian Ward, creo que en este edificio, y fuera había una cabina telefónica…”. Hay, ciertamente, una cabina telefónica, una obra azul, moderna, bajita. De pronto, caigo en la cuenta. Aquí fue donde se sacó la fotografía para el diseño de la portada de Ziggy Stardust. Pero claro, todo cambió. Esa cabina telefónica grande, roja, cerrada, en la cual Bowie posó para ea foto de la contraportada, ya es cosa del pasado.



Una mujer que sube por la calle hacia su oficina saluda a Bowie con una gran sonrisa. “Quitaron tu cabina telefónica, ¿no es terrible?”, dice. Por mucho que Bowie hable de llevar gafas y andar cabizbajo, la suya es aún una cara que poca gente no reconoce al instante. La mujer le informa de que el fotógrafo se mudo y también la campaña K.West, bajo cuyo cartel Bowie se paró con un pie sobre un cubo de basura hace veinte años. Sorprendentemente, la vieja luz junto a la puerta se encuentra aún allí, pero el famoso cartel fue rematado como parte del conjunto de recuerdos del rock and roll. En su casa, Bowie tiene cientos de fotografías de admiradores  con un pie sobre el cubo de basura bajo el cartel de K. West que le enviaron en sus cartas. 

Es una pena que el cartel ya no esté -dice Bowie-. La gente sacaba conclusiones tan dispares a partir de él. Pensaban que K. West debía de ser una especie de código para una búsqueda. Veían allí todo tipo de alusiones místicas. 

Hicimos esas fotografías de exterior una noche de lluvia -continúa Bowie-. Y luego, arriba, en el estudio, hicimos las que se asemejan a “La naranja mecánica”, que iban en el interior del álbum. La idea era llegar a una imagen intermedia de Malcolm McDowell con las pestañas maquilladas e insectos. Era la época de “Los chicos salvajes” de William S. Burroughs. Ese ciertamente fue un libro muy potente, había salido hacia 1970, y era un cruce entre eso y “La naranja mecánica”, que fue lo que en realidad configuró la forma y la apariencia que iban a tener Ziggy y los Spiders. Ambas eran obras poderosas, especialmente la pandilla de saqueadores de “Los chicos salvajes”, de Burroughs, con los cuchillos “Bowie”. Yo me metí de lleno. Fui interpretando una y otra cosa. Todo tenía que ser infinitamente simbólico. 

Volviendo en coche al Soho, Bowie divisa varios puntos emblemáticos. La tienda de música de Selmer, sobre Charing Cross Road, donde compró su primer saxofón. Doblando hacia Wardour Street, señala un edificio alto en una esquina, donde solía vivir Pete Townshend, en el último piso. “Siempre lo envidié por vivir justo en el corazón de Londres -dice Bowie-. Lo más cerca que estuvo yo fue en Oakley Srtreet, en Chelsea, justo a la vuelta de Cheyne Walk, donde vivió Mick Jagger. Fue entonces cuando conocí a Mick”. 

Los ochenta arrancaron con el mayor éxito de su carrera, Let’s Dance. Producido por Nile Rodgers y lanzado en 1983, fue un exitazo a nivel mundial que elevó a Bowie a la primera división internacional. Pero la perspectiva desde las alturas del Olimpo no era tan clara como podría haber sido. 

Caí en desgracia por primera vez, y me pregunté si debía escribir para el público y no para mí -dice Bowie-. ¿Debía intentar duplicar el éxito de ‘Let’s Dance’ o seguir tratando de cambiar en cada álbum? Era una disyuntiva concreta. Al final no perdí las canciones, pero perdí el sonido. Hay algunas canciones verdaderamente buenas en ‘Tonight’ (1984) y ‘Never Let me Down’ (1987) y literalmente las eché a perder al dárselas a gente muy capaz para que las arreglara, pero sin involucrarme yo mismo, casi hasta el punto de la indiferencia. 

Del mismo modo que artistas talentosos como Mick Jagger, Roger Daltrey, Roger Waters y Jon Bob Jovi han fracasado al establecerse a sí mismos como solistas y tenido un resultado que en nada se compara al éxito de sus respectivas bandas, Bowie simplemente no era convincente como miembro de un grupo.

Artísticamente, declara que no había estado tan conforme con la salida de un álbum desde Scary Monsters.



Escucho este álbum todo el tiempo -dice Bowie- , lo cual siempre es una buena señal. Con el debido respeto por Nile, no escuché ‘Let’s Dance’ tanto. No era del todo yo. Había mucho de Nile en él. En la cara A en particular, había dejado que Nile se adueñara realmente de él. Esta vez, cuando regresé con Nile, pensé: “Otra vez no”. De modo que fue ‘mi’ álbum en gran medida, y Nile contribuyó; yo era contrario opuesto a la idea de que él hiciera todo y yo me limitara a sugerir que pusiéramos a Stevie Ray Vaughan o a quien fuese. Por eso probablemente pueda identificarse mucho más conmigo. 

Una de las preocupaciones más importantes de Rodgers durante la grabación fue que Bowie tocase el saxofón, que toca en este álbum más que en el resto de su discografía junta. El instrumento ha sido siempre crucial para el proceso creativo de Bowie. Lo usa para componer las líneas melódicas. 

Me siento mucho más libre en estos días para hablar sobre mí mismo y lo que me ha sucedido, porque fui capaz de afrontarlo. Durante muchos años, he estado totalmente bloqueado. Anteriormente siempre estaba bloqueado. Nunca quise volver a examinar nada que hubiera hecho en concreto. Pero las apuestas han cambiado. Me siento vivo, en un sentido real. 

Tras pasearse entre las sombras de su pasado en el escenario del Hammersmith casi durante una hora, Bowie está listo para seguir con el recorrido. La temperatura cayó incómodamente, y David se mueve enérgicamente hacia la puerta del escenario, dando las gracias al hombre que lo dejó entrar al edificio con una cortesía que parece brotarle con naturalidad. Es de lejos más atento con quienes están a su alrededor que la mitad de las estrellas de su estatus, y es una de sus característica más encantadoras. El coche avanza hasta un hotel cercano, donde Bowie entra en calor con una sopa de pavo y un sándwich de queso. 

Nunca había salido con una modelo antes -dice Bowie-, así que nunca había caído en el cliché de la estrella de rock y la modelo como parte de su vida. De modo que estaba muy sorprendido al encontrarme con una que era aplastantemente maravillosa y no la clásica belleza hueca que había conocido en el pasado. No hago un caso de ello. La noche que nos conocimos ya estaba poniéndole nombre a nuestros hijos. Sabía que ella era para mí, fue inmediato. Simplemente caí bajo su hechizo. 

Es una fuente increíble de comodidad para mí. De hecho, durante los tres años anteriores a conocer a Iman, yo estaba comprometido con otra chica, así que (las relaciones monogámicas) me parecen muy, muy placenteras. Me estimulan. Las adoro absolutamente. He ido desde la extrema promiscuidad de los setenta a un conjunto de cambios de actitud en los ochenta y, con suerte, a una especie de armonía en los noventa. 

Creo que siempre fui un heterosexual dentro del armario. Ni siquiera sentía que fuera estrictamente bisexual. Era como si estuviera haciendo todos los deberes para llegar a una situación en la que pudiera experimentar en serio con algunos tipos. Pero, en realidad, lo que me atraía era la escena gay en su conjunto, que era ‘underground’. Acuérdate, a principios de los setenta, era prácticamente un tabú. Acaso haya habido amor libre, pero era amor heterosexual. Me gusta ese mundo oscuro. Me gustaba la idea de esos clubs y esa gente y todo lo que está vinculado a él, porque era algo de lo que nadie sabía nada. Así que me atraía locamente. Quería incursionar en un mundo diferente. Así que hice el esfuerzo de ir y meterme allí. Esa fase solo duró  hasta cerca de 1974. A grandes rasgos, aquello murió con Ziggy. En realidad estaba adoptando la situación de ser bisexual. La realidad era mucho más reducida. 

        Quería imbuirme en Ziggy en carne, sangre y músculos, y era imperativo que encontrara a Ziggy y que fuera él. Lo irónico fue que yo no era gay. Lo era físicamente, pero francamente no lo disfrutaba. Era casi como si estuviera poniéndome a prueba. No era algo con lo que me sintiera cómodo, en absoluto. Pero tenía que hacerlo.

Por desgracia, no conocí a Freddie Mercury tan bien, la verdad. Me lo encontré solo unas dos o tres veces en todos estos años. Me parecía muy listo, bastante brillante y ciertamente muy teatral. De modo que no conozco las idas y venidas que tuvo que vivir o lo que le sucedió. Sí tengo muchos amigos gays, y conozco el dolor de perderlos a causa del sida. Por desgracia, perdí uno justo después del concierto de la Reina -el concierto en memoria de Freddie Mercury en el estadio de Wembley, en abril de 1992- . Su nombre era Craig, un dramaturgo de Nueva York; de hecho, entró en coma el día anterior al concierto y murió al cabo de dos días. Por esa razón recé el padrenuestro esa noche. 



A pesar del estilo teatral de Bowie, su gesto dejó a muchos sorprendidos. 

“Sí, probablemente lo estuvieran, pero no era para ellos.” Parte de la sorpresa se debía a que Bowie nunca había sido conocido como una persona particularmente religiosa. 

No lo soy. Soy espiritual. Nunca me ha atraído ninguna religión organizada. Pero ahora tengo una sólida creencia en Dios. Pongo mi vida en sus manos cada día. Rezo cada mañana.

Mi amigo Craig no era cristiano, pero pensé que esa oración era la más apropiada en la medida en que… es una oración sobre nuestro Padre, no tanto sobre Cristo. Para mí, es una oración universal. Yo estaba tan sorprendido como todos tras recitarlo en ese concierto. Pero me alegré de haberlo hecho. 
Fuente: Bowie por Bowie - Entrevistas y encuentros con David Bowie - Sean Egan - Libros Cúpula.